A los 100 años de la Revolución Bolchevique ¿fracasada o boicoteada?

Por: Pasqualina Curcio Curcio
(foto: Alberto Aranguibel)

La URSS es un país que supone una seria amenaza para el mundo occidental. No me estoy refiriendo a la amenaza militar; en realidad esta no existía. Nuestros países están lo suficientemente bien armados, incluyendo el armamento nuclear. Estoy hablando de la amenaza económicaGracias a la economía planificada y a esa particular combinación de estímulos morales y materiales, la Unión Soviética logró alcanzar altos indicadores económicos. El porcentaje de crecimiento de su Producto Nacional Bruto es prácticamente el doble que en nuestros países. Si añadimos a esto los enormes recursos naturales de los que dispone la Unión, con una gestión racional de la economía, son más que reales las posibilidades que tiene de expulsarnos del mercado mundial… Por eso siempre hemos adoptado medidas encaminadas a debilitar la economía de la Unión Soviética y a crear allí dificultades económicas.

Margaret Thatcher. Houston, Texas, 1991. [1]

Fue en 1917, cuando obreros y campesinos, bajo el liderazgo de Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, iniciaron la Revolución Bolchevique. Casi 70 años después, el 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, suscribieron el Tratado de Belavezha, el cual marcó la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Innumerables intelectuales e historiadores de la época, incluso aquellos que se reconocían comunistas, se dieron a la tarea de recalcar que la Revolución Rusa fracasó, otros simplemente callaron. Centenares de escritos fueron publicados acerca de la “crisis de la URSS” y del fracaso del socialismo, lo que a su vez justificó la Perestroika iniciada por Mijaíl Gorbachov en 1985, y la transición a una economía de mercado promovida y consolidada por Boris Yeltsin a partir de enero de 1992, luego de asumir la presidencia de Rusia.

Confundidos por la situación económica que se vivía en la URSS desde mediados de los 80, caracterizada por la escasez de alimentos, la cual se manifestaba en colas cada vez más largas a las puertas de los establecimientos, los estudiosos, líderes y decisores comenzaron a cuestionar el modelo socialista justificando la necesidad imperiosa y urgente de un cambio y de una transición hacia un sistema similar al de Occidente. Es así como ante la confusión de lo que ocurría, y convencidos de que la causa era el fracaso del socialismo, Gorbarchov inició un conjunto de transformaciones que apuntaron a la liberación de los mercados.

Se preguntarían los intelectuales y líderes políticos de la época ¿por qué tardó 70 años en fracasar el modelo socialista? Se habrán paseado por la interrogante de ¿por qué la Revolución sobrevivió a las dos guerra mundiales y no fue sino hasta finales de los 80 cuando comienzan a manifestarse síntomas de una supuesta crisis?, ¿habrán pensado en revisar los indicadores económicos y sociales que les permitiesen afirmar y sustentar el discurso del fracaso del modelo socialista y la necesidad de transitar hacia el libre mercado?, ¿les habrá pasado por la mente que la Revolución Rusa podía estar siendo asediada y boicoteada por el imperialismo?

Dos semanas antes de la disolución de la URSS, la “Dama de Hierro” no solo reconoció las bondades del modelo socialista al compararlo con el occidental, sino que además confesó que tenían tiempo adelantando acciones para crearle dificultades. Dijo Margaret Thatcher:

Por desgracia y pese a todos nuestros esfuerzos, durante largo tiempo la situación política en la URSS siguió siendo estable durante un largo periodo de tiempo. Teníamos una situación complicada, sin embargo al poco tiempo nos llegó una información sobre el pronto fallecimiento del líder soviético y la posibilidad de la llegada al poder, con nuestra ayuda, de una persona gracias a la cual podríamos realizar nuestras intenciones en esta esfera [debilitar la economía de la Unión Soviética]…
…Esa persona era Mijaíl Gorbachov, a quien nuestros expertos calificaban como una persona imprudente, sugestionable y muy ambiciosa. Él tenía buenas relaciones con la mayoría de la élite política soviética, y por eso su llegada al poder, con nuestra ayuda, fue posible. [2]

El escritor Serguei Kara-Murza, quien se ha dedicado a sistematizar y desmontar con indicadores y gráficos el mito del fracaso de la Revolución Rusa, [3] afirmó de manera tajante: “No hubo ninguna crisis económica en la URSS al inicio de la Perestroika. Cualquiera puede ver esto en los anuarios estadísticos”. [4]

Entre 1917 y 1991, la economía rusa registró un crecimiento continuo. La producción medida en términos per cápita incrementó 378%. Los niveles más altos de producción se registraron a finales de los años 80. Fue a partir de la disolución de la URSS cuando comenzó a registrarse una disminución de la producción. Entre 1991 y 1998, la economía rusa cayó 45%.

Cómo explicar, entonces, la supuesta crisis económica de la década de los 80, cuando durante esos años se registraron los mayores niveles de producción.

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Mientras EE.UU. alcanzó niveles de desempleo que ascendieron al 23% durante la Gran Depresión, en la URSS se registraba pleno empleo, el cual se mantuvo hasta 1988.

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La inversión en la URSS a finales de la década de los 80 superó la de EE.UU., la de Francia, Alemania y Gran Bretaña.

ÍNDICE DE INVERSIÓN (1980=1) [5]

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La URSS creó por primera vez, el sistema de educación gratuito hasta el nivel universitario. La tasa de analfabetismo en 1890, durante el zarismo, era 85%, en 1917, cuando inició la Revolución Bolchevique, era 79%, en 1939 descendió a 19% y en 1959 llegó a 1%. Para el año 1969, la URSS era un país libre de analfabetismo.

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La Organización Mundial de la Salud, en un informe publicado el año 1963, concluyó:

…los servicios sanitarios de la URSS, tanto preventivos como terapéuticos, están gratuitamente a disposición de todos los ciudadanos sin distinciones económicas o sociales. La labor de los sanitarios, tanto de los especialistas médicos más calificados, como de los feldshers, llega a todos los hogares, incluso a los de las localidades más remotas e incomunicadas. Naturalmente, ello solo es posible en virtud del carácter estatal de la medicina soviética y, aunque no se prohíbe la práctica privada, esta es tan restringida que no influye perceptiblemente en la organización general de los servicios sanitarios del país. [6]

La esperanza de vida al nacer de los rusos aumentó durante la Revolución. Pasó de 40 años en 1920 a los niveles más altos (69,4 años) a finales de la década de los 80. Al disolverse la URSS, se desplomó la esperanza de vida en Rusia. En menos de 5 años pasó de 69,4 en 1988 a 64,4 años en 1994.

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La tasa más baja de mortalidad, para el caso de las mujeres, se registró durante la década de los 80. En 1988 morían 110 mujeres por cada 1000. A partir de 1991, y en menos de 5 años, dicha tasa aumentó 62%.

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Los niveles más bajos de casos de tuberculosis se registraron durante la década de los 80. A partir de 1990, una vez disuelta la URSS, se comenzó a evidenciar un repunte.

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Fue Viktor Zhdanov, médico soviético, quien en 1958, siendo viceministro de Salud, propuso a la Asamblea Nacional de la Organización Mundial de la Salud una iniciativa global conjunta para erradicar la viruela. La propuesta fue aprobada en 1959, lo que permitió que por primera vez se lograra erradicar una enfermedad a nivel mundial mediante campañas de vacunación, en las que la URSS jugó un papel protagónico.

El consumo de alimentos por persona en la URSS, para el año 1980, era superior al de EE.UU., a excepción de la carne. Adicionalmente, el consumo de alimentos per cápita en la URSS durante el año 1989 fue mayor al compararlo con el de 1980.

CONSUMO DE ALIMENTOS (Kg por persona al año) [7]

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El consumo de alimentos del pueblo soviético era el más alto al compararlo con Europa, EE.UU. y España. Alcanzó en 1989 las 3.500 kilocalorías diarias por persona. Sin embargo, a partir de 1990 comenzó a descender. En 1991 se ubicó en 2.800 kilocalorías diarias, recordamos que la FAO establece como mínimo, para garantizar seguridad alimentaria, 2.780 kilocalorías.Mucho se dijo acerca del bajo consumo de carne de la población soviética. Al respecto, hay que recordar que por condiciones climatológicas los países de la URSS no son productores de carne bovina, debido a la falta de agua y de pasto para la alimentación del ganado. La URSS importaba 2 kilogramos de carne por persona al año, lo que equivalía al 1% de sus importaciones. Países como Alemania e Italia importaban 4 y 7 veces más de carne que la URSS. Adicionalmente, la importación de carne era más que compensada por la exportación de pescado, la cual ascendía a 20 kilogramos por persona al año.

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Desde el año 1906 y hasta 1990, la estatura promedio del soviético aumentó, pasó de 1,57 cm a 1,75 cm (1978). Para el año 2008 se registró una estatura menor a la de la década de los 60, 1,67 cm.

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Observando el comportamiento de estos indicadores, muchos de ellos tomados de la Organización de Naciones Unidas, del Banco Mundial y de la OECD, no podemos concluir que el socialismo sea un modelo fracasado.

En un informe preparado en diciembre de 1982 por Henry Rowen, presidente del Consejo Nacional de la CIA, y publicado por el comité conjunto de economía del Congreso de EE.UU., se lee: “la economía soviética es altamente autosuficiente y está lejos de experimentar un colapso”. [8] Dicho estudio también indicó que “la URSS experimentó un crecimiento económico continuo y una mejoría en el nivel de vida de su población durante los últimos treinta años”. Destaca el estudio la habilidad de la economía soviética para mantener su viabilidad ante la ausencia de importaciones. Esa habilidad es mucho mayor que la de la mayoría, y posiblemente todas, de las economías de otros países industrializados. [9]

¿Cómo explicar, entonces, que de manera repentina, a partir de 1985, el pueblo soviético se viese sometido a largas colas para adquirir alimentos? ¿Cómo explicar que intempestivamente, luego de 70 años de Revolución, se desatara una supuesta crisis del socialismo?

La respuesta no solo la hallamos en el discurso ofrecido por Margaret Thatcher aquel diciembre de 1991. También lo confesó Mijaíl Gorbachov en un discurso que dio el año 2000 en una universidad norteamericana en Turquía. Dijo Gorbachov:

El objetivo de mi vida fue la aniquilación del comunismo… mi esposa me apoyó plenamente y lo entendió incluso antes que yo […] para lograrlo logré encontrar compañeros de lucha, entre ellos A.N. Yakovlev y E. A. Shevardnadze…Aproveché mi posición en el Partido y en el país, tuve que sustituir toda la dirección del PCUS y de la URSS, así como la dirección de todos los países socialistas de Europa. [10]

Recientemente, la CIA desclasificó algunos documentos donde se afirma que “el magnate financiero George Soros y la CIA ayudaron a Gorbachov a proporcionar la posterior disolución de la URSS”. Sobre ellos el analista y exempleado de la Agencia de Seguridad Nacional, Wayne Madsen, afirmó que el multimillonario George Soros proporcionó en 1987 cobertura económica al gobierno de Mijaíl Gorbachov, a través de una ONG de la CIA conocida como el Instituto de Estudios de Seguridad Este-Oeste, IEWSS, por sus siglas en inglés. [11]

Por su parte, Valentina Rushnikova, economista y exempleada de la comisión agroindustrial del Estado de la URSS, en un artículo publicado en 2011 afirmó:

Mucho antes de 1991 ya se había creado y estaba en pleno funcionamiento la “quinta columna”, inculcando progresivamente en la conciencia de la gente el irrespeto por el modo de vida socialista, a menudo originando problemas de un modo artificial. No solo operaba la propaganda antisoviética, que se servía de determinadas dificultades del sistema socialista, también estaba en marcha la actividad saboteadora, oculta hasta ese momento.
Una de las direcciones fundamentales para exacerbar la tensión en la sociedad fue la creación artificial de problemas relacionados con el suministro de bienes de consumo, en primer lugar con productos de alimentación. Desde mediados de los 80, en muchas ciudades y núcleos urbanos comenzaron a escasear los productos de alimentación en muchos aparadores de las tiendas, y no solo las exquisiteces, sino también los productos de consumo diario. Era un proceso que iba en aumento de año en año, con la única excepción de la capital, donde la variedad de productos de alimentación se mantenía a un nivel decente. [12]

Explicaba Rushnikova que:

En 1987 el volumen de producción de la industria alimentaria, en comparación con los indicadores de 1980, había crecido en un 130%. En el sector cárnico ese crecimiento ‒en comparación con 1980‒ había sido de un 135%, en el sector de lácteos fue de un 131%, en el de pescado de un 132% y en el de derivados de la harina de un 123%. En ese mismo periodo de tiempo, el crecimiento de la población fue de un 6,7%, mientras que el salario medio en la economía creció de media un 19%. En consecuencia, la producción de productos de alimentación en nuestro país iba muy por delante del incremento de población y del poder adquisitivo.
Todas las empresas de la industria alimentaria trabajaban a plena capacidad, estaban garantizados los suministros de productos agrícolas y de otros tipos de materias primas necesarios para su funcionamiento, así como la mano de obra. Significa esto que el desarrollo de la industria alimentaria en modo alguno pudo ser el causante de la escasez de género en las tiendas de comestibles. [13]

Concluye la economista:

Por eso solo cabe hacer una deducción: la escasez fue generada de modo consciente, artificial, pero no en la etapa de la producción, sino en la esfera de la distribución. El objetivo era crear tensión social en el país. Por cierto, que nuestra generación recuerda bien el programa “600 segundos”. En él, en 1990, se mostraron reportajes bastante elocuentes de cómo se destruía embutido, mantequilla, aceite y otros productos que ya eran deficitarios en ese momento. En una de las publicaciones de la época, el entonces alcalde de Moscú y hoy consejero del alcalde, Gabril Popov, reconocía esos casos en que se destruían productos de alimentación con el objetivo de generar escasez en la ciudad. En la prensa se informaba cómo se habían detenido al unísono, para ser “reparadas”, todas las empresas que producían tabaco y detergente. [14]

Los medios de comunicación desempeñaron un rol protagónico a finales de los 80. Afirma Kara Murza:

Si entre la población apareció alguna sensación de crisis, esto fue debido a la insistente campaña de prensa y TV. Un ejemplo: el consumo de leche y productos lácteos en 1989 fue en la URSS de 341 kg por persona (en EE.UU. 260 Kg), pero un 44% respondió en la encuesta de percepción que consumía, a su juicio, poco. Y donde más se prestó la población a la campaña antisoviética, más amargada estaba la gente. En Armenia, donde los radicales le dieron el primer golpe militar a la URSS, desatando la guerra criminal contra los azeríes, el 62% estaba descontento de su consumo de leche, que en realidad era de 480 kg por persona”.

Otro fenómeno se dio en la URSS a finales de los años 80 y está relacionado con la brecha, cada vez mayor, entre el tipo de cambio oficial y el que se marcaba en los mercados ilegales. Para el año 1990, el tipo de cambio oficial era 1,68 rublos por dólar, mientras que en el mercado ilegal, este ascendía a 10 rublos por dólar. En abril de 1991, la tasa oficial del Banco del Estado era de 1,75 rublos por dólar, y la tasa del mercado ilegal era de 30 a 33 rublos, es decir, 19 veces mayor. No solo se evidencia una brecha desproporcionada entre ambas tasas, sino el aumento de 230% del tipo de cambio ilegal entre 1990 y 1991. Al respecto, Kara Murza, al referirse al manejo que los medios de comunicación dieron a la situación de la URSS, afirma:

En un número de 1990 El País dedicó todo un artículo al rublo soviético, demostrando lo mala que era la economía de la URSS. Se dijo: “El rublo ha perdido completamente su valor y se cambia en el mercado negro diez rublos por un dólar”. Pero ¿por qué el valor se mide en el mercado negro en que circulaban sumas míseras, microscópicas en relación con el tamaño de la economía? Evidentemente, hay medidas absolutas, con que se comparan las unidades de recursos independientes del lugar, el orden económico o la ideología. Estas medidas expresan el valor de la moneda en el lugar donde esta funciona. Sabía muy bien el corresponsal de El País estas medidas y el volumen de rublos fluidos en cada una de estas vertientes. He aquí algunas: 1 viaje en metro en Moscú valía 0,05 rublos, y en Nueva York, 1,5 dólares. Esto significa que la misma suma de recursos “absolutos” (maquinaria, construcción, energía, mano de obra, etc.) necesarios para proporcionar 20 viajes en metro se pagaba por 1 rublo o por 30 dólares . Es decir, en términos de transporte el valor de 1 rublo era equivalente al de 30 dólares [lo que equivale a decir que 1 dólar equivale a 0,33 rublos]. En términos de pan, un rublo valía lo mismo que 12 dólares. En comunicaciones (teléfono), unos 20 dólares, en término de medicinas, 30 dólares y en la compra de vivienda, 15 dólares. Este era el valor real del rublo como medio de pago de los bienes básicos.

Cabe preguntarse: ¿Hubo manipulación mediática del tipo de cambio en los mercados ilegales? ¿Qué relación pudo haber tenido esta marcación con los niveles de precios en la economía soviética de finales de los 80 e inicios de los 90, los cuales registraron aumentos importantes durante ese período?

No hubo tal fracaso del socialismo como sistema económico, social y político. No es lo que muestran los indicadores. Por el contrario, el deterioro se observa a partir de 1991, una vez liberados los mercados. En todo caso, de atribuirse un fracaso a la Revolución Bolchevique, fue el no haberse blindado ante los ataques y sabotajes por parte del imperialismo. El capitalismo, desde octubre de 1917 se sintió amenazado, tal como lo confesó Margaret Thatcher, por un modelo alternativo de igualdad y de justicia social, el cual mostró sus logros durante 70 años de Revolución. El imperialismo, ante tamaña amenaza, actuó en consecuencia.

A cien años de la Revolución Bolchevique recordamos a Lenin, quien en su momento lo alertó:

Durante mucho tiempo después de la Revolución, los explotadores siguen conservando de hecho, inevitablemente, enormes ventajas: conservan el dinero (no es posible suprimirlo de golpe), algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; conservan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los “secretos” (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; conservan una instrucción más elevada, sus estrechos lazos con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); conservan (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc.
Si los explotadores son derrotados solo en un país –y este es, por supuesto, el caso típico, pues la revolución simultánea en varios países constituye una rara excepción– seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados, porque sus relaciones internacionales son poderosas. Además, una parte de los explotados, pertenecientes a las masas menos desarrolladas de campesinos medios, artesanos, etc., puede seguir y sigue a los explotadores, como lo han probado hasta ahora todas las revoluciones, incluso la Comuna (porque entre las fuerzas de Versalles había también proletarios, cosa que “ha olvidado” el doctísimo Kautsky).
Por tanto, suponer que en una revolución más o menos seria y profunda la solución del problema depende sencillamente de la actitud de la mayoría ante la minoría, es una estupidez inmensa, el más necio prejuicio de un liberal adocenado, es engañar a las masas, ocultarles una evidente verdad histórica. Esta verdad histórica es la siguiente: en toda revolución profunda, la regla es que los explotadores, que durante bastantes años conservan de hecho grandes ventajas sobre los explotados, opongan una resistencia larga, porfiada y desesperada. Nunca –a no ser en la fantasía dulzona del melifluo tontaina de Kautsky– se someten los explotadores a la voluntad de la mayoría de los explotados sin haber puesto antes a prueba su ventaja en una desesperada “batalla final”, en una serie de batallas. El paso del capitalismo al comunismo llena toda una época histórica.
Mientras esta época histórica no finalice, los explotadores siguen inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento ni creían en él, que no aceptaban siquiera la idea de que pudiera producirse, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa y odio centuplicado a la lucha por la restitución del “paraíso” que les ha sido arrebatado, en defensa de sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan dulce y a quienes la “chusma vil” condena ahora a la ruina y a la miseria (o a trabajo “simple”).
Y detrás de los capitalistas explotadores sigue una gran masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la Revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, se pasa de un campo a otro.

Reconocer los mecanismos mediante los cuales el imperialismo históricamente ha boicoteado y asediado los modelos alternativos que constituyen una amenaza a los grandes capitales, es fundamental no solo para tener conciencia de la otra versión de la historia, aquella que ha estado ausente en el discurso y medios de comunicación hegemónicos, sino para no caer en las manipulaciones que pretenden confundir y hacer ver un supuesto fracaso del socialismo y, por lo tanto, caer en el error de la necesaria transición al libre mercado como orden económico exitoso.

Es imperioso identificar y saber cómo funcionan los mecanismos que durante años ha empleado el gran capital para sabotear los modelos de igualdad y de justicia social. Entre ellos: 1) la alteración de los canales de distribución de bienes esenciales que derivan en colas y en la proliferación de mercados ilegales; 2) la alta dependencia a grandes monopolios productores, distribuidores e importadores de bienes esenciales; 3) la manipulación del tipo de cambio en los mercados ilegales que se traduce en incrementos inducidos y desproporcionados de precios; y 4) así como los bloqueos comerciales, sean estos encubiertos, como ocurrió en Chile (ya develado en los documentos desclasificados) o formales como ha sido el bloqueo genocida contra el pueblo cubano.

Hoy, y desde 1999, Venezuela es considerada una amenaza extraordinaria e inusual para el imperialismo, no porque tengamos armas, sino por la voluntad de un pueblo que decidió transitar hacia un modelo de justicia social e igualdad.

Hoy, y desde 1999, los grandes capitales han puesto en práctica todos los mecanismos para desestabilizar la economía venezolana: han acaparado alimentos, distorsionado los canales de distribución de los bienes esenciales, manipulado el tipo de cambio ilegal, inducido la inflación, bloqueado financieramente y embargado comercialmente al país. Con el apoyo de los medios de comunicación y en un discurso dominante han atribuido las consecuencias de estos actos genocidas al fracaso del modelo revolucionario. Buscan con ello presionar y justificar la transición hacia una economía de libre mercado.

No nos dejemos confundir. No repitamos los errores.


 

Fuente: 15yultimo.com

Pasqualina Prof. Pasqualina Curcio Curcio


Bibliografía y notas:

[1] https://www.youtube.com/watch?time_continue=34&v=GwGCWMEF1xo

[2]http://www.forocomunista.com/t26701-margaret-thatcher-explica-como-acabo-con-la-urss-discurso-de-1991-dado-en-houston-texas-usa

[3] Se recomienda la lectura de uno de los trabajos de este autor El Libro Blanco, en el cual demuestra mediante 300 gráficos que el modelo socialista de la URSS no fracasó.

[4] Kara-Murza Serguei. ¿Qué le ocurrió a la Unión Soviética? P: 6.

[5] Ibídem

[6] Organización Mundial de la Salud. 1963. Los servicios sanitarios en la URSS. http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/41301/1/WHO_PHP_3_spa.pdf

[7] Kara Murza Sergueid. ¿Qué ocurrió en la URSS?

[8] El País. 1983. “La economía soviética es autosuficiente, afirma un estudio realizado por la CIA”. https://elpais.com/diario/1983/01/10/internacional/411001206_850215.html

[9] Ibídem

[10] Costa del Sol, 2017. “Arthur González: Se abre paso la verdad sobre la caída de la URSS”. http://martianos.ning.com/profiles/blogs/se-abre-paso-la-verdad-sobre-la-ca-da-de-la-urss-por-arthur-gonz

[11] Ibídem

[12] La escasez en la URSS se creó de un modo artificial. Valentina Rushnikova/ Pravda / Traducido del ruso por Josafat S. Comín. https://laradiodelsur.com.ve/2011/11/19/la-escasez-en-la-urss-se-creo-de-un-modo-artificial/ . Artículo original en https://kprf.ru/rus_soc/99032.html

[13] Ibídem

[14] Ibídem

[15] Kara Murza Serguei. ¿Qué ocurrió en la URSS? P: 7

[16] Ibídem. P: 4.

[17] Lenin. La revolución proletaria y el renegado Kautsky. Fundación Federico Engels. 2007. PP: 35.

[18]Senado de EE.UU., 1975. Acción encubierta en Chile. https://www.intelligence.senate.gov/sites/default/files/94chile.pdf

Luis Britto: Vuelta a la URSS

Por Luis Britto García

Del árbol caído todos hacen leña. No podrán astillar el legado colosal de la Unión Soviética, que contra viento y marea fascista y capitalista mantuvo durante tres cuartos de siglo la primera gran experiencia socialista del planeta

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El mismo día que se constituyó la Unión Soviética, le declararon la guerra el ejército de la tiranía zarista, la contrarrevolución interna y  catorce países imperialistas, entre ellos Estados Unidos, que la invadió por Alaska y fue vergonzosamente derrotado.
Antes de convertirse en la segunda potencia del mundo, la Unión Soviética debió sobrevivir y superar en su territorio el devastador impacto directo de  dos Guerras Mundiales: la segunda de ellas con un costo de entre veinte y treinta millones de vidas. El 80% de las bajas del ejército nazi ocurrió en el frente Oriental. Estados Unidos e Inglaterra, por el contrario, nunca sufrieron una invasión territorial, y esperaron cómodamente hasta 1944 antes de poner un soldado en Europa continental. La batalla por el destino de la humanidad se peleó en la Unión: de no haber sido por ésta, el planeta hubiera caído bajo el dominio fascista: los miembros de las razas consideradas “inferiores” hubiéramos  sido exterminados o esclavizados.
No estuvo exento de agresiones, sabotajes y sangre ni un solo día de las cuatro décadas que  llevaron a la Unión del atraso del arado de palo a tachonar el firmamento con las estrellas del primer satélite artificial, el primer cosmonauta,  la primera cosmonauta, el primer descenso suave no tripulado en la luna.
En medio de esta guerra sanguinaria no cesaba la Unión de anotarse triunfos humanos. Primer país en conceder el voto a la mujer, en reducir la jornada laboral a 7 horas, en establecer el sistema universal de enseñanza pública y gratuita con alimentación y guarderías asimismo gratuitas,  en implantar la protección a la salud universal y gratuita, en otorgar baja remunerada por maternidad desde el inicio del embarazo y hasta un año después del parto, vacaciones de un mes, la baja por enfermedad con salario completo, en reconocer la jubilación para los hombres a los 60 años y para las mujeres a los 55.
Mientras tanto, bueno es recordarlo, inventaban los soviéticos el arte abstracto, la arquitectura moderna, el lenguaje artístico del cine y parte de la música contemporánea.
Un Referendo sobre la Preservación de la Unión Soviética en 1991 arrojó 113.512.812 votos a favor (77,85%) y sólo 32.303.977 votos en contra (22,15%). Un sondeo efectuado por el Centro Levada en 2016 revela que 56% de los rusos considera que vivía mejor bajo el comunismo, y 53% califica favorablemente la economía centralizada.
La perspicaz Pasqualina Curcio me facilita cifras de la OCDE que explican esta adhesión. Pese a guerras y obstrucciones, el PIB per cápita mejoró en forma sostenida: en 1986 se situaba en unos 7.000 KG$; desde el neoliberalismo de  los noventa, descendió abruptamente hasta poco más de 4.000 KG$.
La esperanza de vida al nacer era de 69,17 años en 1989; para 2000 había bajado abruptamente a 66,04. La tasa de mortalidad de mujeres era en 1990 de 116,2 por 100.000; en 1994 subió desmesuradamente a 178,406; en 2004, a 176,833. La de varones era en 1900 de 316,078; de 486,421 en 1994; y creció a 465,095 en 2004 (www.ggdc.net/madison/historical-statistics/verticial-file02-200.xls). En general todos los indicadores de Desarrollo Humano se hundieron a partir de la aplicación de las medidas neoliberales.
Para todo revolucionario es un deber estudiar las causas que llevaron  tan formidable proyecto a su caída (por ahora).
luis-britto  TEXTO/FOTOS: Luis Britto
(Foto del Monumento al Trabajo, en Moscú: Alberto Aranguibel B.)

Historia de mentira

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 11 de mayo de 2015 –

Por: Alberto Aranguibel B.

“La Guerra Fría no es sino una lucha por la mente de la gente” J. F. Kennedy

El Cementerio Nacional de Arlington, en la capital de los Estados Unidos de Norteamérica, es probablemente el más grande monumento en el mundo a la derrota y al fracaso.

Ubicado en las cercanías del Pentágono, en los que fueran los terrenos del legendario general Lee, jefe del derrotado ejército de los Estados Confederados de América en la guerra de secesión, el cementerio Arlington está reservado en principio a los miembros de las fuerzas armadas de esa nación (aún cuando algunos de los ahí enterrados no lo hayan sido nunca, como el expresidente William Howard Taft quien nunca cumplió servicio militar) en virtud de lo cual la inmensa mayoría de quienes en él reposan tienen en común el sino de la derrota que ha marcado la historia de las guerras del imperio norteamericano a lo largo y ancho del planeta desde hace más de un siglo.

En Arlington se encuentran los restos de los soldados que dejaron sus vidas en las guerras libradas por los Estados Unidos en el mundo, la mayoría de las cuales terminaron en estrepitosos reveses militares si no en abiertos fracasos, como las guerras de Vietnam, Corea, Afganistan e Irak, así como figuras emblemáticas de la historia norteamericana, como el presidente John F. Kennedy (cuya muerte no podrá ser catalogada jamás como un triunfo ni para él ni para los Estados Unidos), los tripulantes de las fallidas misiones de los transbordadores Challenger y Columbia de la NASA, y los desaparecidos en los atentados terroristas contra el avión de Pan Am en Lockerbie, Escocia, y del 11 de septiembre del 2001, en particular el perpetrado contra el Pentágono.

Sin embargo Estados Unidos vende al mundo la imagen de un imperio todo poderoso que cual Atila de la modernidad arrasa a su paso a enemigos de cualquier naturaleza o envergadura, usando en ello incluso el depósito del fracaso que es el cementerio de Arlington, al que convierte por medio de su poder hegemónico cultural en una suerte de gran templo de los dioses de la guerra.

La manipulación de la historia para colocarla a su servicio es inherente a la idea de dominación que mueve a los imperios. En eso Estados Unidos no es la excepción ni en la guerra ni en la paz. Si se acepta el principio de Clausewitz según el cual “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, pudiera ser entonces que la guerra fría sea la política que aparenta a través de los medios ser una guerra.

O por lo menos así lo asume los Estados Unidos desde que los medios de comunicación han venido sustituyendo a los escenarios y los armamentos de guerra por las pantallas de cine y los contenidos mediáticos televisivos con los que el poder hegemónico del capitalismo inunda cada vez más al mundo.

¿Cuál fue en verdad el sentido de una demencial carrera espacial como la librada por Estados Unidos y la Unión Soviética en el marco de la guerra fría si no era el esencialmente propagandístico? Ya desde 1936, con motivo de las fastuosas olimpíadas de Berlín, se dijo siempre lo mismo del deporte cuando todavía su importancia en el ámbito del mercadeo publicitario que tiene hoy en día no era ni medianamente significativa y su justificación estaba relacionada exclusivamente a la necesidad propagandística ya no solo de las grandes potencias sino también de países del tercer mundo, como Cuba entre otros.

A esa impostergable necesidad propagandística se deben las más grandes mentiras que la cultura hegemónica neoliberal le ha vendido al mundo a lo largo del último siglo. La fascinante ilusión del bienestar y la prosperidad infinitas que la gente tendría asegurada en el capitalismo es una de ellas. La otra, la idea del poderío imbatible del imperio norteamericano en todos los ámbitos.

Según esa doctrina de la propaganda como la herramienta para aparentar el triunfo en la guerra a través de los medios, los Estados Unidos no necesita una historia verdadera sino un buen guión y unos buenos actores. Por eso el presidente Barack Obama se esfuerza más en el cálculo meticuloso de la pose de soberbio emperador que debe asumir cuando se declara ahistórico ante el mundo, que lo que debiera esforzarse en estudiar la historia de los pueblos a los que pretende someter bajo su dominio.

Ronald Reagan, uno de los más acérrimos anticomunistas que jamás haya alcanzando la primera magistratura del imperio norteamericano, concibió la Guerra Fría como un escenario en el cual todas las técnicas de la cinematografía, en las cuales él como actor de Hollywood que fue tenía una verdadera ventaja comparativa frente a su par soviético, serían determinantes para colocar la balanza definitivamente a favor de los Estados Unidos. Su famosa “Doctrina Reagan”, que abogaba por el exterminio de todos los gobiernos comunistas del mundo y promovía impúdicamente el surgimiento del yihadismo como arma de baja intensidad para la contención del poderío soviético, ya era evidente varios años antes de ser electo presidente en una entrevista en la que se refería al futuro de la Guerra Fría en estos escuetos términos: «Mi idea de lo que debe ser la política estadounidense en lo que respecta a la Unión Soviética, es simple, y algunos dirán que simplista. Es esta: nosotros ganamos y ellos pierden, ¿qué te parece?»

De ahí en adelante cayeron el bloque soviético y el muro de Berlín, es cierto, así como los gobiernos progresistas que el propio Reagan se empeñó en derrocar (en particular el sandinista, mediante el financiamiento de la contra nicaragüense), pero el famoso poderío del imperio norteamericano comenzó a hacer agua y hasta el día de hoy su hundimiento no se ha detenido, ya no solo en el campo económico sino también en lo político, como lo demuestra el avance en Latinoamérica de un vigoroso bloque antiimperialista que la mediática hegemónica no visualizó oportunamente y que le está significando a los Estados Unidos el más duro golpe contra la realidad que haya tenido en mucho tiempo en virtud ya no solo de su alcance sino de la referencia que esa nueva visión de soberanía está ofreciendo a los pueblos de vocación independentista de todo el planeta.

Con esa inspiración es como ahora puede conmemorarse por todo lo alto un evento de la más relevante significación histórica como lo fue el legítimo triunfo de la Unión Soviética sobre el fascismo, oculto de manera infame desde hace setenta años tras el discurso anticomunista del contenido mediático norteamericano, y en general por la cultura hegemónica pro imperialista del mundo occidental.

Una conmemoración que hace honor a los más de veintisiete millones de soviéticos que dejaron su vida en esa conflagración para salvar a la humanidad del horror del fascismo, y que rescata ese activo tan preciado que comienza a ser hoy la verdad histórica como instrumento de justicia y de igualdad en la lucha por un mundo en el que las naciones puedan ejercer su soberanía y su autodeterminación con entera libertad y sin la presión de los imperios prepotentes que se empeñan en borrar la historia para vender su ilusoria y perversa sociedad neoliberal capitalista.

El empeño de los imperios por sustituir la realidad con la seductora virtualidad capitalista, tiene hoy en la conciencia de los pueblos progresistas y revolucionarios del mundo, el poderoso ariete de la historia que abrirá las puertas al nuevo modelo de comunicación basado en la verdad como un valor sagrado y de verdadera liberación del ser humano, que más temprano que tarde terminará por imponerse.

De ese excepcional proceso mundial de redención del ser humano surgirán los nuevos paradigmas, los nuevos códigos, la nueva simbología y el nuevo lenguaje de la comunicación transformadora que acabará para siempre con la historia de mentira que a través del tiempo inventaron los imperios.

 

@SoyAranguibel

El viaje de Maduro a Rusia

Por: Nestor Francia

Uno de los problemas que tenemos con el tema de la batalla comunicacional es que resulta muy común que la derecha nos “pique” adelante. Esto genera una dificultad que se refiere al asunto de quién tiene la iniciativa, ya que suele más difícil contraatacar que atacar. Una vez perdida la iniciativa, no es fácil recuperarla. Es un poco lo que está pasando con el viaje del presidente Maduro a Rusia.

La primera reacción que produce una noticia como esta en quien esté desinformado (que en el caso de la celebración en Moscú es la inmensa mayoría de los venezolanos) es preguntarse: “¿qué carajo va a celebrar el Presidente en Rusia con tantos problemas que hay aquí?”. El lector puede jurar que esto es así como lo estamos diciendo, ya que somos ciudadanos, venezolanos, adultos mayores, corridos por la vida y conocemos a este pueblo porque venimos de sus entrañas. Se dirá que son razones subjetivas y quizá es cierto. Pero la probabilidad de que acertemos no es baja.

En Europa el tema de la Segunda Guerra Mundial es manejado por el ciudadano común mucho mejor que en América Latina, porque esos pueblos vivieron de manera directa, en carne propia, los estragos de aquella conflagración. Decenas de millones de europeos murieron, la mayor parte de ellos civiles. El país donde se calcula hubo más muertos fue precisamente la Unión Soviética, más de 26 millones de personas, de las cuales apenas unos 9 millones eran militares. La dimensión humana de este conflicto es aterradora, ya que nos puede dar una idea de lo que ocurriría si se produce una guerra nuclear.

El papel de Rusia fue fundamental en la derrota de la Alemania nazi. De hecho, la soviética fue la bandera que ondeó sobre el edificio del Reichstag, en Berlín, simbolizando esa derrota tras la rendición alemana. La resistencia del pueblo ruso contra los invasores alemanes y su posterior contraofensiva victoriosa es uno de los capítulos más heroicos de la historia de la Humanidad.

Desde el punto de vista político, la victoria soviética es de gran trascendencia. La derrota del fascismo fue un triunfo de los ejércitos aliados, pero también de la resistencia heroica de los pueblos del mundo. Son proverbiales las acciones de la fuerzas guerrilleras de varios países que asestaron importantes golpes a las huestes invasoras de Alemania.

Hoy, aquella gesta cobra especial importancia, ante el resurgimiento de las manifestaciones del nazi-fascismo, principalmente en Europa, y del fascismo en general en todo el mundo.

En ese sentido, es necesario aclarar que el nazismo fue una expresión del fascismo en Alemania, pero tuvo sus propias versiones en la Italia de Mussolini y en las falanges españolas. Se habla mucho de fascismo, pero se apuntan menos las características que lo definen.

El fascismo es una expresión política del gran capital monopolista que surge como respuesta violenta a movimientos populares en ascenso. Por ejemplo, en Alemania y en Italia era patente el crecimiento de los partidos comunistas y del movimiento obrero cuando surgieron los movimientos fascistas. Este crecimiento se producía además en toda Europa, con el ejemplo del experimento soviético. En España, el fascismo se manifiesta para enfrentar a la República Española. En Chile, ante el fortalecimiento del gobierno popular de Salvador Allende y en la Venezuela de 2002 frente a los avances de la Revolución Bolivariana.

El fascismo asume distintos disfraces y pretextos: la supremacía de la raza aria, la lucha contra el comunismo, la lucha por la “libertad”, la “democracia” y los “derechos humanos”. Pero su objetivo es siempre el mismo: frenar el ascenso de las fuerzas populares por medio del terror, descabezando al liderazgo y cargando a sangre y fuego contra las organizaciones populares para liquidarlas de raíz, a fin de instaurar y dar estabilidad a gobiernos favorables a los intereses del gran capital monopolista ¿No es ese acaso el designio de las fuerzas fascistas en la Venezuela de hoy? ¿No quedó su carácter demostrado en la breve dictadura de Carmona, representante político directo del gran capital, cuando el fascismo arremetió contra la dirigencia revolucionaria y contra el pueblo revolucionario, sembrando terror y persecuciones durante las pocas horas que estuvo en el poder?

De manera que aquella gesta del pueblo soviético no está lejana a nosotros ni en el tiempo ni en el espacio. Forma parte de la lucha histórica de los pueblos contra el gran capital monopolista y depredador, la misma que estamos librando en Venezuela y América Latina.

Pero la derecha venezolana anda criticando el “gasto” que supone el viaje de Maduro a Moscú. Por su parte, el patético ignorante de Capriles ha declarado que “El país no está en condiciones de seguir pagando los viajes turísticos de Nicolás. ¿Qué gana el país con eso? Nada… Mientras ese señor está de fiesta y paseo en Rusia, los profesores y docentes están bregando, porque el salario no les alcanza”.

Claro, estas burradas de Capriles pueden tener algún efecto ante las debilidades de nuestras políticas comunicacionales, que impiden que el pueblo conozca a cabalidad la importancia de esta celebración histórica en Moscú y la relevancia política de la presencia de Maduro en la misma.

Se estima que el desfile militar en Moscú en celebración del 70 aniversario de la victoria sobre los nazis sea el más importante desde 1945, fecha de esa victoria. Se da en medio de un momento clave en la gran batalla geopolítica mundial cuando tiende a reforzarse la alianza que avanza entre potencias como Rusia y China, y los países relegados o amenazados por el imperialismo norteamericano. Eso explica la ausencia en Moscú de la mayoría de los líderes de las potencias capitalistas de occidente. La excepción será Alemania, por razones obvias. Aproximadamente 30 jefes de Estado y de Gobierno, así como dirigentes de organizaciones internacionales asistirán a los festejos. Ya confirmaron su participación los presidentes de Azerbaiyán, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Abjasia, Alemania, Bosnia y Herzegovina, China, Chipre, Cuba, Eslovaquia, India, Macedonia, Mongolia, Osetia del Sur, Palestina, República Checa, Serbia, Sudáfrica, Venezuela, Vietnam, Zimbabue, así como el jefe de la ONU, Ban Ki-moon, y la directora general de Unesco, Irina Bokova.

¿Andan todos estos mandatarios haciendo turismo en Rusia, como asevera el estúpido de Capriles? Como se dice popularmente en Venezuela, recurriendo a un curioso retruécano: es demasiada falta de ignorancia.