Esperando la orden

Por: Alberto Aranguibel B.

A medida que queda al descubierto la farsa que encarna el proyecto de asalto del poder mediante la figura de un pusilánime autojuramentado, que salen a la luz pública sus carencias como propuesta política y se van constatando con hechos sus cualidades delincuenciales, va quedando también en evidencia que muchos de los países que hace casi dos años le brindaron su apoyo a ese disparate golpista en realidad lo hacían producto de la desinformación mediática y el engaño urdido desde el imperio norteamericano para hacerse del control de Venezuela.

Habituados como han estado la mayoría de esos países a la lógica colonialista que les fue tan provechosa durante siglos, siguieron sin incomodidad alguna la orientación que se les dictaba desde Washington, pensando, quizás hasta de buena fe, que derrocar a un gobierno legítimamente electo (siempre y cuando no fuera en Europa sino en el para ellos muy lejano “nuevo mundo”) no estaría mal si con ello se beneficiaba el alicaído neoliberalismo y se contenía de alguna forma la vocación revolucionaria de los pueblos latinoamericanos que cada día claman con mayor fuerza por justicia e igualdad social.

Como toda farsa, el proyecto estaba destinado al fracaso con el pasar de los días, semanas, y meses, en los que no solo no se concretaba la ilusoria promesa, sino que afloraban con inusitada profusión las falencias e insostenibilidad del mismo, ya no en boca de los defensores de la Revolución o del gobierno venezolano, sino en todas y cada una de las voces críticas que desde el seno mismo de la derecha y la ultraderecha radical empezaron a darse a conocer denunciando cada vez con más fuerza la inmoralidad y la ineptitud de los principales actores del audaz y bochornoso sainete.

Se convirtió así el apoyo de lo que un día denominaron “los miles de países” en un verdadero torneo de resistencia en el que la contundencia inicial se fue tornando en una tenue y muy relativa solidaridad, que luego fue tímida y esporádica, y que finalmente aparece en muchos casos simplemente condicionada al dictamen de la Casa Blanca para ver si continúan apoyando o no el destartalado proyecto.

Es el vaivén de la dirigencia del mundo neoliberal que, sin importar lo que piensen en verdad sus pueblos, se arrodillan impúdicos a los designios del imperio.

 

@SoyAranguibel