Hernández Montoya: Oligarquía sin fines de lucro

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Por Roberto Hernández Montoya / aporrea.org

La godarria no tiene fines de lucro. Si los tuviese seríamos ya una potencia desde el comienzo de la República. Le tocó un territorio con recursos naturales que pida usted por esa boquita; ubicación geográfica privilegiada; clase obrera en paz; gerencia formada por la educación pública, a menudo con posgrados financiados en el exterior; bienes de capital que cuando no son baratos son gratis de parte de un Estado que ha ido más allá, pues varias veces ha asumido sus deudas.

Y nada. Desde cuando dormía en camacuna vengo oyéndolos machacar que no-hay-estímulos-para-invertir.

Aprovecharé que no soy economista, y mucho menos Chicago boy, para constatar que las burguesías europea, asiática y gringa invertían en plena Primera y Segunda Guerras Mundiales. ¿Había estímulos en aquellas civilizadísimas degollinas y destrucción masiva de infraestructuras? Parece que sí. Es más, me han asegurado que en el capitalismo de verdad la guerra suele ser un incentivo para pingües negocios.

Y en la Guerra Fría había amenaza nuclear, es decir, de un Gran Borrón Sin Cuenta Nueva, en la que solo perdurarían las cucarachas. Y esas burguesías invertían en medio de la Destrucción Mutuamente Asegurada, lo que en inglés llaman brinkmanship, o sea, vivir en el bordecito del Apocalipsis. Pero los mantuanos parasitarios latinoamericanos vivían en un llantén que partía el alma. No ambicionan lucro, solo poder.

¿Qué hace esa godarria inepta? En primer lugar vende la patria. Barata. Promueve dictadores ignaros y brutales, como Juan Vicente Gómez, como el caricaturesco Marcos Pérez Jiménez, como el dominicano generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, Chapita para los íntimos, ridículo y sanguinario como la oligarquía que lo promovió. A través de esos forajidos persigue, encarcela, tortura, asesina, desaparece. Desaparecer personas es tortura refinadísima, pues no solo sufre la persona borrada sino sus deudos, que pasan el resto de sus vidas buscando unos restos a los que al menos llevar una ofrenda. No sé si hay tortura peor que no saber qué fue de un ser querido, qué le hicieron, qué sufrió, cómo lo torturaron, cómo lo mataron y ni siquiera si lo mataron, porque la esperanza tenaz de hallarlo vivo es aliada de la tortura. Eso hacen estos feudales. Pero son aún más perversos, pues acusan a los gobiernos populares de hacer todo eso justamente. Para saber qué hacen revisa las acusaciones que endilgan a cualquier gobierno decente.

Nunca hubo en Venezuela más libertad y respeto al ser humano como en estos 14 años, pero la godarria vocifera sin censura, por sus medios y sus cagatintas, que gemimos bajo la más feroz dictadura. Es ignominioso, pero para que más lo sea, lo repiten y repiten con un desparpajo que abisma y repugna.

No importa, me parece, pues solo engañan a quienes se quieren engañar, a quienes su autodesprecio radical lleva a consumir mentiras como sedante altamente adictivo.

Es además de una mediocridad rabiosa que le impide conceder a sus países el derecho a aspirar a nada grande. Quiere países cretinos como ella.
Por eso hay que derrotarla minuto a minuto.

@rhm1947

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Los Miserables

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Habría que traer a Víctor Hugo.  Sentarlo frente una pantalla de televisión y dejarle a su alcance algunos ejemplares de los más importantes diarios de circulación nacional, como les dicen, con solo un lapicito y una libretica de notas.

Con toda seguridad la obra que de ahí surgiría acabaría con todo lo conocido hasta ahora en el terreno de la literatura universal, revirtiendo incluso el prodigioso record de difusión alcanzando a través de la historia por su monumental relato de la tragedia de los desposeídos de la Francia del siglo XIX, para dar paso a una nueva y mucho más fascinante y conmovedora novela en la que los miserables no serán ya los parias de la tierra, sino los exquisitos escuálidos de la oposición venezolana.

No tendría que apelar ni a fabulación ni a recurso literario alguno para nutrir esa portentosa producción de personajes abyectos y sin ninguna pizca de alma, porque de inmediato y sin el más mínimo esfuerzo, encontraría que la oposición venezolana es definitivamente el maná contemporáneo de donde brota a borbotones lo que para la mayoría de los más fantasiosos escritores fue desde siempre un extenuante y harto difícil ejercicio de creación.

Percatado de su error, por haber colocado antes a los menesterosos como los miserables del mundo, seguramente habrá que llevarle luego a cualquier restaurante de lujo para ver a esos opositores en su ambiente natural regurgitando odio hasta por los poros en contra de todo lo que tenga que ver con pobre, con justicia e igualdad o con noción alguna de Patria.

De poderse, habría que mostrarle también cualquier portal de noticias y bajar hasta los comentarios de los usuarios en cualquier noticia que tenga que ver con Chávez y dejarle contemplar un rato sus expresiones.

La de la eximia profesora María G. Colmenares, de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo, que ha escrito esta semana en su cuenta twitter: “Yo tenía la esperanza de que Snowden viniera a Venezuela, a ver si el mundo se animaba a lanzarnos todas sus armas de destrucción masiva. Pero no. Ni eso. Para vergüenza de la humanidad, este país maldito seguirá existiendo.”

Incluso para un gran escritor y político como Víctor Hugo, eso no sería ya miserable sino asqueroso.

Así son ellos.

Aranguibel: “Con el supuesto audio de Marios Silva, la oposición sólo busca generar división entre el chavismo porque el chavismo siempre le gana las elecciones”

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En entrevista con el periodista Nelín Escalante, por la emisora Jazz 95.5 FM de Caracas, Alberto Aranguibel analiza el show montado por la oposición venezolana con un audio que evidentemente busca dividir al chavismo, en un acto desesperado por tratar de desviar la atención sobre la inculpación que recae sobre Capriles Radonski como responsable de los asesinatos de 11 venezolanos a manos de las hordas fascistas opositoras lanzadas a la calle el día 15 de abril por el excandidato.

Oiga aquí la entrevista completa:

El chinazo del Matacuras

Leopoldo Castillo, el moderador de Globovisión, es reventado al aire por un usuario que, de la manera más respetuosa, lo conmina a hacer un periodismo decente y lo pone en su sitio a él y a todos los que estaban en el estudio, no quedándole ninguna otra salida al inefable “matacuras” que insultar al usuario acusándolo de “no representar al pueblo”… ¿Quién será entonces el pueblo para estos comunicadores? ¿Cómo es eso de que “si no se es alcalde no se representa al pueblo”? ¿Por qué no le reconocen entonces a Chávez las 15 elecciones que les ha ganado de calle? ¡Farsantes es lo único que son estos vendepatrias!