Venezuela: Percepción vs realidad

Por: Alberto Aranguibel B.

“Mire, hay un prejuicio instalado… hay un prejuicio instalado”
José Luis Rodríguez Zapatero
(sobre la imagen de Venezuela en la Unión Europea)

Muestra irrefutable del férreo control ejercido por el gobierno de los Estados Unidos sobre los gobiernos del continente que se plegaron al mandato del imperio en la 48va Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, llevada a cabo la semana pasada en Washington, fue sin lugar a dudas la perfecta sincronía en el discurso de los cancilleres ultraderechistas que respaldaron esa pretendida emboscada en la que se intentó atrapar a Venezuela con una ridícula resolución, infundada e infamante, abiertamente contraria al espíritu y esencia del Derecho internacional, e innegablemente violatoria de la letra de la Carta fundacional del propio organismo.

Sincronía que quedó en evidencia no solo en la tozudez de cada uno de los reaccionarios que ahí se aliaron con el único infame propósito de mancillar la soberanía de la Patria de Simón Bolívar, sino en la terminología, los giros retóricos y hasta en el preciosismo melodramático utilizados para expresar su repulsa al derecho de nuestro pueblo a la libre determinación.

Ninguno de ellos habló con un discurso propio. Ninguno intentó matizar siquiera la bochornosa posición injerencista que respaldaban, con los extensos recursos que la oratoria diplomática ofrece para enmascarar con un cierto viso de independencia, o imparcialidad al menos, de criterio, la inmoralidad que protagonizaban.

Todos, sin excepción, hablaron de la “agravación de la crisis política en Venezuela” y de la consecuente “situación de dificultades económica, social y de carácter humanitaria”, que resultaría de la primera, es decir; de la supuesta crisis política, para lo cual fue presentada en el foro una única propuesta, a saber; “la convocatoria a nuevas elecciones”, tal como apunta la infame resolución.

Una falsedad que se apoya en la serie de hechos violentos acaecidos hace más de un año en Venezuela, y de los cuales el país ha ido saliendo con un gran esfuerzo del gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro, pese a la brutal arremetida económica del imperio norteamericano contra nuestro pueblo. En ninguna parte de la teoría política o del derecho internacional consuetudinario se considera crisis a la imposibilidad opositora de alcanzar, por su propia ineptitud, el poder.

La difícil situación por la que atraviesa hoy el pueblo venezolano no es de ninguna manera política ni amerita elección o cambio de gobierno, sino que obedece a un plan de cerco económico que busca paralizar el funcionamiento del Estado para provocar su derrocamiento, tal como ha sido confesado abiertamente en infinidad de declaraciones por altos funcionarios del gobierno norteamericano.

Fue esa la razón del estallido social buscado en 2017 por la derecha, que, al igual que hoy, no perseguía soluciones sino hacerse del poder apoyándose en una campaña comunicacional internacional que posicionara la confrontación como un Apocalipsis.

El objetivo de aquella violencia no era otro que el de la construcción de un perfil mediático que presentara a Venezuela ante los ojos del mundo como un país sumido en el caos y la ingobernabilidad, para de esa forma provocar la aceptación internacional de un inevitable cambio de gobierno, sin importar cuán inconstitucional fuese la salida.

El plan tenía la finalidad de sobredimensionar una cantidad de grupos de bandoleros a sueldo que generaban conflictos en apenas unos quince municipios de los trescientos treinta y cinco existentes en el país, razón por la cual el apoyo de los medios de comunicación era mucho más importante para esa derecha desvencijada que la misma búsqueda del respaldo entre los electores. El objetivo era la creación de una percepción de guerra fuera de control que hiciera indispensable una intervención extranjera.

Lo que siempre fue una clara e inequívoca muestra de incapacidad política de la oposición, fue presentado por los medios internacionales como la batalla gloriosa de una supuesta sociedad civil (que no escatimó en derroches melodramáticos para victimizarse frente al mundo) mientras que el gobierno, que daba pasos cada vez más consistentes en el logro de la paz, en la consolidación de su fuerza electoral; en la conquista de casi todos los cargos de representación popular a través del voto; en la indetenible elevación de la estatura política de un líder que se ha ganado el respeto de todo un pueblo a punta de abnegación y entrega a su compromiso con el proyecto revolucionario chavista, que se ha crecido ante los ojos del mundo como un estadista de coraje que ha sabido darle la más dura batalla que ha debido enfrentar el imperio más poderoso de la tierra, era persistentemente presentado como toda una abominación dictatorial.

Luego de superada aquella horrible etapa de la violencia fascista que la derecha desató contra el pueblo, el país está encaminado hoy hacia su recuperación económica definitiva gracias precisamente a la persistencia de los venezolanos y las venezolanas en su apego a la paz y a la democracia.

Por eso el empeño de la derecha internacional en seguir presentando a Venezuela al borde del estallido social producto de una supuesta confrontación política, no es sino una aberración más, fraguada meticulosamente desde el Departamento de Estado norteamericano y mantenida por esos medios de comunicación especialistas en el falseamiento de la realidad como un hecho todavía vigente.

Recuperar la estabilidad del país para retomar la senda del bienestar económico que la revolución bolivariana le ha brindado a los venezolanos, ha requerido de un excepcional esfuerzo político que pasa, en primer lugar, por el llamado a elegir una poderosa Asamblea Nacional Constituyente. Por la renovación, también en forma perfectamente democrática, de todas las autoridades regionales y locales del poder público. Por el combate frontal que el gobierno le ha declarado a la corrupción. Por la lucha infatigable por proteger al pueblo con acciones y programas creados para paliar los estragos de la guerra económica. Por la persistencia en la búsqueda del diálogo con todos los sectores de la vida nacional (iglesia, partidos políticos, empresariado nacional, entre otros) para construir soluciones a la crisis. E incluso por el otorgamiento de beneficios procesales a los privados de libertad por los delitos que tanta angustia y dolor le causaron al país durante las fatídicas jornadas terroristas de aquella etapa violenta que, gracias a todo ese esfuerzo de pacificación, ya hoy podemos considerar superada.

Si algún organismo internacional quisiera ayudar a solventar la crisis económica, que ciertamente padece hoy el país como consecuencia de esas distorsiones promovidas por el imperio norteamericano, tendría que empezar por reconocerle a las venezolanas y los venezolanos la admirable gesta que implica haberse salvado, con su lealtad a la paz y a la democracia, de la guerra.

Tendría que sumar voluntades para promover el levantamiento del criminal bloqueo económico declarado arbitrariamente por los Estados Unidos contra nuestro pueblo y permitir que Venezuela retome el flujo de sus relaciones de intercambio comercial con el mundo, para satisfacer así la demanda de insumos, repuestos, maquinaria y productos de la cesta básica, indispensables para buen funcionamiento del Estado y el normal desarrollo de nuestra economía.

No es intentando revitalizar a una oposición fracasada (alentándola a subvertir de nuevo el orden constitucional a partir de una percepción anclada en un pasado que ya no existe) como se puede ayudar hoy al pueblo venezolano a retomar la senda del bienestar y del progreso.

Persistir en esa infundada matriz mediática de la “crisis política insalvable” que habría en el país, cuando ha quedado perfectamente clara la disposición mayoritaria del pueblo a construir su bienestar en paz, es solo una nueva crueldad contra esa Venezuela que con tanto sacrificio ha luchado por dejar atrás el horror de aquella cruel e innecesaria violencia.

La lucha hoy, como lo ha dicho el presidente Maduro, es por la recuperación económica. No por regresar a la locura de la confrontación fratricida entre venezolanas y venezolanos.

@SoyAranguibel

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La oposición sí tiene ideología

Por: Alberto Aranguibel B.

Uno de los más grandes reclamos del Comandante Chávez a la oposición venezolana fue desde siempre la carencia de una propuesta doctrinaria que permitiera entablar con ella un prolífico debate fundamentado en ideas estructuradas y no en las simples detracciones o difamaciones a las que ha apelado en todo momento ese sector para confrontar el planteamiento de justicia y de igualdad social que comprende el Socialismo Bolivariano.

Cuando habló de la necesidad de “una oposición con moto propia”, Chávez hacía referencia no solo a esa escandalosa orfandad de ideas, sino al sometimiento que el sector opositor le ha rendido permanentemente a filosofías políticas y económicas ajenas a nuestra propia realidad, generalmente dictadas desde el exterior por el poder hegemónico del imperio norteamericano y del gran capital transnacional.

De hecho, durante mucho tiempo se ha pensado que la estulticia e ineptitud de su dirigencia para el liderazgo político (que Chávez describía magistralmente como “la nada”), muy probablemente estaba determinada por la vaciedad ideológica que en todo momento ha puesto en evidencia la oposición, ya no solo en sus discursos y declaraciones públicas, sino en sus documentos, escritos, artículos de opinión y hasta en las conversaciones telefónicas, incluso, en las que frecuentemente se les oye exponer su visión del país, en los cuales jamás ha sido posible establecer con una mínima claridad cuál es en definitiva la corriente ideológica a la cual se ciñen, más allá de las descalificaciones contra el chavismo y los eternos llamados a la población a rebelarse contra el proceso revolucionario.

La pugnacidad entre egos y vanidades particulares que signa la vida interna del cónclave antichavista (cohesionado únicamente por el interés común de superar de esa forma el escaso nivel de respaldo popular que individualmente tiene cada uno de los partidos que lo integran), no es de ninguna manera el debate entre planteamientos ideológicos diversos o contrapuestos, sino la vulgar búsqueda del beneficio o la ventaja individual de cada uno de esos dirigentes en su demencial carrera por el poder.

Su estrategia ha sido la de motivar al venezolano no con una formulación transparente, que ponga como activo doctrinario el modelo neoliberal capitalista (que en todos los casos en que les ha correspondido ser consultado por la prensa o por los electores, han negado nerviosos y sin vergüenza alguna), sino con el empeño en tratar de lograr la neurotización de la sociedad con todo tipo de acciones desestabilizadoras que generen angustia y zozobra permanente en la población, mediante el engaño y la demagogia más perversa y chapucera.

Esa constante en el engaño, cuyo principal eje discursivo ha colocado al militante opositor en el delirio disparatado de creer que su persistencia en la derrota electoral es producto, no del fracaso de sus dirigentes como aglutinadores del fervor popular, sino el resultado de un hecho malévolo recurrente urdido por agentes de Satanás vestidos de rojo, es lo que a la larga ha terminado por construir el basamento ideológico común del que careció en todo momento el antichavismo.

El militante opositor que hoy se manifiesta en las calles y en las redes sociales en la búsqueda de un Golpe de Estado prodigioso que insubordine a las fuerzas militares de la Nación a favor de la entrega del país a los intereses del imperio norteamericano y que adormezca a la vez en estado catatónico milenario a los millones de chavistas que eligieron a el presidente Maduro para impedir así su contraofensiva en el rescate de la Patria y del proyecto de soberanía que nos legó el Comandante Chávez, no lo hace por sujeción a dogma o teoría política alguna, sino por el desquiciamiento al que ha sido sometido por esa irresponsable dirigencia que por infortunio le ha tocado.

Para lograr ese desquiciamiento entre su propia gente, los estrategas del discurso opositor pervirtieron la significación de la terminología sociopolítica universal adecuándola a la lógica del discurso imperialista de los Estados Unidos, para quien todo proyecto progresista o soberano de Nación es un “régimen dictatorial” y “forajido”, lo que en sí mismo deja perfectamente clara la intencionalidad entreguista y vende patria de la propuesta opositora venezolana.

Pero deja también al descubierto el carácter brutal y sanguinario que inspira al conjunto del liderazgo y la militancia opositora que hoy expresa esa ideología forjada al calor del llamado a la rabia y al desconocimiento de toda legalidad o parámetro ético que pudiera regir a la sociedad venezolana, como rige en toda sociedad civilizada en el mundo, a través ya no del insulto o la amenaza en las redes sociales solamente, sino en las acciones directas contra la vida de las personas por el solo hecho de pensar diferente a lo que ellos entienden como su punto de vista político.

Cuando después de quince años de negar relación alguna con grupos violentos, la militancia opositora ve a sus líderes coordinando con el más irresponsable descaro a los mismos grupos de encapuchados armados que desatan la violencia que destruye la propiedad pública y privada a su paso y genera muertes dolorosas entre la misma oposición y entre los cuerpos de seguridad y la gente del común en la calle, y no siente ninguna clase de remordimiento o rechazo sino que se alegra y se emociona cada vez más, hay un serio problema. Y lo más serio es que no lo crea.

Cuando la militancia opositora implora por la salud de un general retirado que ordenó a sus seguidores el degollamiento a mansalva de gente inocente en las calles, se está haciendo solidaria con un brutal asesino. Pero el problema no es nada más que lo haga, sino que no lo crea así.

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Cuando la militancia opositora pide por las redes que se hagan colectas de cepas que producen la Hepatitis C para mezclarlas con heces fecales y lanzarlas a los funcionarios del orden público, con lo cual se generaría el colapso no solo de los cuerpos de seguridad sino de los hospitales, se convierte en asesina. Ahí el problema más grave es, igualmente, que no lo crea.

Cuando la militancia opositora, incluso sus más connotados intelectuales, arengan a sus copartidarios para que lancen macetas que acaben con la vida de las personas, o que les induzcan a asesinar embajadores en el exterior, como aconseja abiertamente una antichavista a través de las redes sociales poniendo como ejemplo el asesinato de un embajador en Turquía, se está en presencia de una mente terrorista despiadada y enferma. Lo grave es que ella no lo crea.

Cuando, además de todo lo anterior, la militancia opositora celebra el asedio de chavistas en la vía pública y grita desaforada e histérica su deseo de muerte para esas personas y para sus hijos, a la vez que alaba en loas frenéticas al funesto dictador Franco, a quien ni siquiera la más repugnante ultraderecha española se atreve a nombrar hoy en público, entonces se está en presencia de una sólida e indiscutible ideología fascista asumida como doctrina única y común entre ese sector del país que hasta ahora se presentaba solo como “la oposición” pero sin apellido.

Sí hay, definitivamente, una ideología clara e inconfundible orientando la lucha de la militancia opositora en su afán por acabar con la democracia y la noción de soberanía en Venezuela. La ideología que llevó a la humanidad a la extinción de millones de seres bajo las armas de la intolerancia, la tiranía y la confabulación con los poderes del capital y de la iglesia para perpetuar la opresión y la muerte. Esa ideología es el fascismo, y el empeño terrorista que expresan hoy extasiados y ansiosos los antichavistas por las redes sociales y en las puertas de las embajadas de nuestro país en el mundo lo demuestran.

Como dijera el doctor José Vicente Rangel al recibir esta semana la distinción Félix Elmuza, otorgada por la hermana República de Cuba en la Casa José Martí, “Le corresponde al indoblegable pueblo venezolano derrotar una vez más a una poderosa agresión como la que hoy se cierne sobre nuestra Patria… Es una hora difícil, pero el pueblo venezolano se impondrá con gallardía, como lo ha hecho siempre a través de la historia.”

Si la falta de ideas, decimos nosotros, hizo aflorar el rasgo más salvaje de esos venezolanos que no creen en los valores de la democracia, tendrán que atenerse a la inquebrantable voluntad bolivariana de un pueblo que sí está ideologizado, pero que no está dispuesto a ceder su Patria a la locura fascista de unos cuantos lacayos del imperio. El entusiasta proceso popular de Asamblea Nacional Constituyente convocado por el Presidente de la República los arrollará con la fuerza de la dignidad chavista y los lanzará al más oscuro foso de la historia.

@SoyAranguibel

Angel Guerra: Venezuela: la derecha busca un baño de sangre

Por: Angel Guerra Cabrera / la Jornada 

Más de 26 muertos, cientos de heridos y daños materiales estimados en 100 mil millones de bolívares es el saldo provisional de la violencia generada por el demencial clima de odio y violencia desatado por las protestas opositoras en abril.

¿Sus antecedentes inmediatos? Hace poco más de un año la contrarrevolución obtuvo mayoría en la Asamblea Nacional(AN) y se sentía más fuerte que nunca. Por primera vez desde 1998 había superado al chavismo en unos comicios. No hizo más que instalarse el órgano legislativo e inició un camino irracional hacia el golpe de Estado, que es lo suyo.

El nuevo presidente del Legislativo manifestó que en seis meses sacaría del cargo a Nicolás Maduro. Al continuar éste en su puesto, pasado el plazo, los legisladores oposicionistas le hicieron un juicio político en 24 horas y acordaron convocar elecciones en 30 días, decisiones para las que la AN no está facultada por la Constitución. Para no hablar de la ridícula ausencia del mandatario que declararon.

La AN se extralimitaba cada vez más en sus competencias y atropellaba las de otros poderes del Estado, cuando decidió juramentar a tres diputados cuya elección había sido anulada por el Consejo Nacional Electoral, que la consideró fraudulenta. Ante el reiterado atropello de la Constitución, es que el Tribunal Supremo, garante de su observancia, decide declararla en desacato y en el ínterin asumir algunas de sus funciones ante asuntos que requieren resolución urgente por interés social.

Bastaría que revocara la juramentación de los tres diputados para que cesara la situación de desacato. Pero no, prefiere acusar a Maduro de haber dado un “autogolpe”, cuando en realidad es la mayoría opositora la que mantiene una conducta golpista desde la misma instalación de la AN, que se retrotrae al golpe del 11 de abril de 2002, del cual son cómplices todos sus cabecillas más connotados. El “autogolpe” ha sido el pretexto para la nueva ola de protestas violentas, siempre apegadas, al igual que las de febrero de 2014, al “manual” del asesor de la CIA Gene Sharp y a las directivas de la Operación Venezuela Freedom 2 del Comando Sur yanqui.

En concordancia con la violencia opositora, sus exigencias son inaceptables por su carácter golpista: destituir a los jueces del Tribunal Supremo, convocar a elecciones de inmediato, liberar a los presuntos presos políticos y abrir un canal humanitario para asistir a la población. Puro cinismo. Es también el caso de la marcha convocada para el miércoles 26, cuyo supuesto objetivo era entregar una carta en la oficina del Defensor del Pueblo para solicitarle que –bajo descaradas amenazas– declare en falta grave a los jueces del Tribunal Supremo, requisito legal para que la AN los destituya.

El objetivo real era buscar derramamiento de sangre y una vez más lo consiguieron. Tarek Williamn Saab, defensor del Pueblo, ha declarado que la misiva ha sido entregada ya 15 veces por personeros opositores y desestimada por improcedente. Esta marcha, como siete anteriores que la oposición ha intentado conducir al centro de Caracas, no ha sido autorizada, como ocurre en otros países, donde se impide marchar en determinadas áreas. Aquí una explicación de por qué la prohibición.

Con el extremismo de derecha en el poder en Washington, la contrarrevolución tiene tres objetivos: asaltar el poder no importa el costo en vidas humanas y a la economía; impedir la recuperación económica y política de la Revolución Bolivariana en pleno curso, y ocultar su hundimiento político en un momento en que el chavismo ha ganado considerable fuerza, como lo demuestran sus movilizaciones de calle en comparación con las de los adversarios.

La hostilidad de la OEA, de varios gobiernos de derecha o atemorizados y la campaña mediática sin precedente contra Venezuela han contribuido mucho a estimular la demencia opositora. Un individuo mediocre, rencoroso y de baja estofa como Luis Almagro, ha terminado de descalificar a la OEA para tratar cualquier tema relacionado con la Patria de Bolívar.

Al fin y al cabo, el organismo siempre ha sido instrumento de la política injerencista y agresiva de Washington contra los gobiernos soberanos de Nuestramérica. El fin único de la oposición es derrocar el orden constitucional para volver al infierno neoliberal y a la represión masiva contra el pueblo. Mucho peor y más sangrienta que la ejercida después de “El caracazo”.

Angel Guerra  Angel Guerra Cabrera / La Jornada

Arrecheras prefabricadas

Por: Alberto Aranguibel B.

Cristo construyó su iglesia a partir de la atención que le brindó a los miles de desamparados del pueblo de Israel que imploraban justicia.

Lenín respondió al llamado del campesinado oprimido que desde tiempo inmemorial se rebelaba en torrentes contra el zarismo.

Mao se puso al frente del clamor popular de millones contra las dinastías.

Chávez surgió como producto de las luchas desenfrenadas de un pueblo que desde un veintisiete de febrero dejaba ver que ya no era capaz de contener su furia.

En cambio la lucha de la oposición venezolana consiste en lo contrario; en buscar desesperadamente que la gente se arreche.

Cuando se examina con detenimiento el comportamiento opositor de los últimos dieciocho años, se encontrará sin ninguna dificultad que la totalidad de su accionar consiste en exigirle a su propia militancia que deje de lado la indiferencia. Que si no se compromete en la lucha contra la revolución no habrá posibilidad alguna de éxito para ellos.

En las urbanizaciones del este claman a gritos por altoparlantes y en impactantes pancartas que hay que salir a la calle. Que si no superan el miedo jamás saldrán del gobierno bolivariano. Que enfrenten a la Guardia Nacional sin temor, que la provoquen, la insulten y la humillen, así como les piden que se rebelen contra toda autoridad o Poder del Estado.

El más desquiciado de sus dirigentes, un cagalitroso golpista contumaz y fracasado, se desgañita en insultos y ofensas contra todo funcionario de la GNB o de la Policía Nacional que se le aparezca por la calle, y les pide a gritos a los transeúntes que se bajen de sus carros y lo acompañen en sus histéricas refriegas, pero nadie le hace caso sino que le toman fotos y videos como a cualquier otra curiosidad zoológica.

Es proverbial la neurótica impostura de su perpetuo candidato presidencial mandando a la gente a descargar su arrechera contra el mundo. Pero solo unos cuantos salieron a dar muerte a 12 hombres y niños del pueblo.

Su mejor amigo, hoy preso tras las rejas de Ramo Verde, sí lo logró. Su llamado le costo la vida a 43 venezolanos y la lesión grave a más de 800.

Por su crasa ineptitud y escaso sentido del ridículo, no se percatan de que en realidad lo que dicen con su invariable llamado a la rabia es que desprecian a su propia militancia ofendiéndola y acusándola persistentemente de cobarde.

Y, lo que es más revelador: dejan perfectamente claro que la arrechera que dicen atender, en verdad quienes la fabrican son ellos.

Lo que hay que cambiar en Venezuela no es el gobierno sino la oposición

– Publicado en el Correo del Orinoco el lunes 23 de mayo de 2016 –

Por: Alberto Aranguibel B.

La democracia no es sino el acuerdo o pacto social del que hablaron desde siempre los pensadores e ideólogos del modelo. Es decir, la búsqueda de la armonización y el correcto equilibrio de la sociedad mediante el respeto a la sabia fórmula “Tu derecho llega hasta donde empieza el derecho del otro”.

Que el imperio norteamericano y “sus aliados” del mundo capitalista más desarrollado hayan secuestrado el concepto para adecuarlo arbitrariamente a sus muy particulares intereses es otra cosa. La democracia no tiene absolutamente nada que ver con lo que vende Estados Unidos en el mundo como estadio perfecto de sociedad.

De hecho, lo poco que avanzó la democracia desde sus orígenes en la búsqueda de la igualdad social, ha sido destruido sistemáticamente por esa concepción neofascista que la coloca en la historia contemporánea como bastión ideológico de los sectores pudientes de la sociedad en contra de los intereses de las grandes mayorías depauperadas que el mismo modelo capitalista va dejando a su paso en la casi totalidad de los cinco continentes.

La pretensión imperialista es que políticamente no deberá importar jamás el padecimiento de los pueblos si la democracia está debidamente asegurada. Pero asegurada única y exclusivamente como soporte de un capitalismo que como modelo económico es cada vez más insostenible.

Para la cultura política norteamericana el concepto mismo de la lucha de clases es un adefesio ideológico sin valor alguno. Sin embargo, ahí la sociedad es dividida entre buenos y malos pero ya no desde la óptica marxista que nos refiere a la igualdad y la justicia social, sino desde la concepción que la reduce a la idea de los “buenos” y los “malos” en la forma políticamente aséptica en que lo concibe Hollywood en sus películas.

Los presidentes de esa poderosa nación que es los Estados Unidos dividen al mundo a su buen saber y entender en esos mismos términos, justificando con ello agresiones contra los pueblos a los que arbitrariamente acusan de “enemigos de la humanidad”, en la medida en que afecten particularmente los intereses del imperio. O lo que es igual; del capitalismo.

De acuerdo con esa escueta apreciación políticamente aséptica de la sociedad y del Estado, no sería correcto promover ninguna idea de igualdad social, porque los “buenos” no deben ser confundidos jamás con los “malos”, ni mucho menos considerados “iguales”, dado que ello representaría una violación flagrante de los equilibrios naturales del universo.

Para el capitalismo es perfectamente normal que las voces más recalcitrantes del neoliberalismo en el mundo exijan con toda su fuerza e indignación la liberación inmediata de un asesino como Leopoldo López, instigador directo de las muertes de más de 43 venezolanos y de la agresión contra más de 900 compatriotas a los que el terrorismo les ocasionó heridas graves, mientras en las cárceles norteamericanas se encuentra injustamente condenado a 75 años de prisión (¡tres cuartos de siglo!) un luchador pro independentista portorriqueño como Oscar López Rivera, que jamás agredió a ningún ser humano y por el cual ninguna de esas voces falsamente indignadas reclama libertad ni derecho alguno.

La lista de la obscena discriminación de la cual son objeto siempre los pobres frente a la complacencia del capitalismo con las élites burguesas, es infinita a lo largo de la historia. La esclavitud, el racismo, la explotación y la exclusión social, no son sino expresiones masivas de esa cultura oligarca del desprecio a los pobres.

Para esos voceros del neoliberalismo los muertos que Leopoldo ordenó asesinar no justifican su prisión porque no eran importantes para el sistema. No había forma de que lo fueran; eran pobres.

La esposa de López y los líderes de la derecha nacional e internacional que la usan como estandarte contrarrevolucionario lo repiten sin cesar; “¡Ya, supérenlo!” les gritan insolentes a las viudas y deudos de los asesinados mientras recorren el mundo difamando a nuestro país y dejando muy en claro que ellos sí no están dispuestos a superar la cárcel del terrorista. No tienen por qué hacerlo; ellos son los “buenos”.

Bajo la influencia de esa cultura, que aliena a un sector de la población que se considera perteneciente a una clase “superior” y la convence de la despreciabilidad de la cual deben ser objeto por parte de ellos los sectores populares, es que se puede llegar a comprender la insensatez que rige a la oposición venezolana cuando actúa con tan desquiciado empeño trasgresor de las más elementales reglas ya no solo del comportamiento político sino de la cordura misma, como es invariable en su atrabiliario accionar.

Desde aquel inaudito compendio de torpezas y chapucerías que significó el golpe de abril de 2002 contra el gobierno más legítimo que conoció el país desde sus orígenes, hasta el rocambolesco sainete seudo parlamentario que viene haciendo en la Asamblea Nacional desde hace apenas cinco meses, todo cuanto tiene en su haber como acción política la oposición venezolana es un absoluto atentado contra el más elemental concepto de democracia conocido hasta hoy por la humanidad.

El capricho por imponer en la jefatura del gobierno a un sector político que no logra jamás mayoría en elección presidencial alguna sino que de manera circunstancial la obtiene en el parlamento (tal como lo ha hecho la derecha en Honduras, Paraguay y Brasil), es ya de por sí revelador del esquema antidemocrático por el que se orienta la oposición en Venezuela. Pero tratar de hacerlo tercamente mediante la violencia más irracional y desalmada es demostración del carácter fascista que más allá de lo inconstitucional y antidemocrático guía a ese sector político en el país.

Siguiendo rigurosamente el esquema del modelo de democracia pitiyanqui que promueve el imperio norteamericano en el mundo, la derecha venezolana transmite la sensación de avance hacia el poder gubernamental solamente en la medida en que se incremente el terror que su confrontación política produzca en las calles.

Si los titulares hablan de muertos en protestas (sean del bando de los protestantes o de los cuerpos de seguridad), tal como lo exige el formato de la conflictividad usado por EEUU para promover hoy intervenciones militares en cualquier parte del mundo, entonces la oposición se considerará siempre plenamente favorecida y de ahí en adelante su objetivo pasará a ser el incremento constante de la violencia para generar cada vez más notoriedad noticiosa. El centimetraje de prensa y no la vida de las personas será lo que cuente.

La saña con la que le hemos visto actuar contra las mujeres, el odio misógino que forma parte tan profundamente arraigada de la oposición desde el punto de vista filosófico incluso, y que lo vemos en la grosera exclusión de la presencia femenina en todos los escenarios opositores, es una simple exacerbación de ese desprecio hacia el pueblo, hacia los pobres, hacia los desvalidos, a los que sin distingo alguno la derecha considera enemigos de clase.

Esa bestial agresión de la cual fue objeto la semana pasada un reducido grupo de tres oficiales femeninas de la Policía Nacional Bolivariana (a las que en ningún momento se les vio agredir a los integrantes de la manifestación que la derecha se propuso convertir en una nueva acción golpista, y que terminó siendo evidencia de lo inconveniente que es permitir que los agentes del orden público enfrenten arremetidas violentas y de naturaleza abiertamente terrorista sin armamento de ningún tipo) además de la proverbial cobardía que les caracteriza, solo sirve para demostrar de manera innegable que los problemas de Venezuela no se resolverán cambiando de gobierno sino cambiando de oposición.

La oficial Dubraska Álvarez (PNB) salvajemente atacada por los grupos fascistas entrenados desde hace meses por la derecha para provocar un estallido social en el país, no es sino una más de las tantas funcionarias y funcionarios que han sido víctimas de una forma brutal de hacer política que juega con la vida del ser humano en la búsqueda de notoriedad en el terco empeño por hacerse del poder antojadiza y antidemocráticamente.

Falta saber qué opinan de ello el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y sus acólitos de la derecha internacional que hoy oxigenan con su anuencia y su beligerancia a ese sector tan evidentemente criminal de nuestro país.

@SoyAranguibel

Aranguibel y Díaz debatieron sobre la violencia: hay que “elevar conciencia ante las amenazas”

(Caracas, 12 de octubre – Noticias24).- Los periodistas y analistas políticos Dhameliz Díaz y Alberto Aranguibel confrontaron puntos de vista en el programa La Semana Venevisión transmitido este sábado, sobre la “violencia política”que, según las primeras versiones de prensa, revelan los hechos violentos ocurridos en el país durante los últimos días.

En medio de la expectativa que vive el país sobre los resultados de las investigaciones policiales del asesinato del diputado Robert Serra y su asistente, así como el enfrentamiento en el que murieron cinco integrantes de colectivos revolucionarios en la avenida Baralt, Díaz y Aranguibel hicieron un análisis de los hechos y del rol de la sociedad para garantizar la paz.

A propósito de estos acontecimientos, Díaz expresó que es preciso estudiar “quién tiene el control de las armas”. Añadió que “por el bien de Venezuela”, las pesquisas deben estar orientadas a dar con los responsables de este acto: “Estamos en un nivel de conflictividad política, en la cual, los venezolanos necesitan certificaciones científicas de la solución de un hecho delictivo de esta magnitud”.

Por su parte, Aranguibel hizo un llamado a los venezolanos para “elevar la conciencia que debemos tener como sociedad ante las amenazas” que representan estos actos.

Los comunicadores se refirieron a tales sucesos como muestras de una “situación preocupante” que debe ser atendida no solo por el Estado venezolano como garante de la seguridad pública, sino por los sectores políticos y la sociedad misma cuyo rol participativo debe estar al servicio de la convivencia pacífica, para lo cual, el tema del debate de las ideas debe ser asumido por todos “con la debida responsabilidad y buen juicio”.

En ese sentido, el papel que juegan los medios de comunicación fue señalado por los analistas como determinante, toda vez que su influencia pueda generar por igual, tanto tranquilidad como intranquilidad, dependiendo, como ambos periodistas lo expresaron, del enfoque (sensacionalista o responsable) con el que se cubran estos acontecimientos y el debate político en general.

La campaña del terror

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Por: Alberto Aranguibel B. / noticiasbarquisimeto.com 27 de agosto de 2014

Uno de los rasgos que mejor define al liderazgo opositor (o a lo que pueda quedar de él por ahí), es sin lugar a dudas la desvergüenza con la que asumen su papel en el debate político venezolano, bajo la inmoral premisa de tirar la piedra y esconder la mano.

El yo-no-fui-ismo, común a la cúpula antichavista como norma recurrente de conducta, es ya proverbial en un sector habituado a la condescendencia revolucionaria a la que obligan la naturaleza tolerante del proyecto bolivariano y el carácter humanista del modelo de igualdad y justicia social que el Comandante Chávez promovió en el país desde el primer momento de su aparición en la escena política venezolana a finales del siglo XX.

Un aspecto diferenciador como pocos entre la infinidad de rasgos que distancian de manera diametralmente opuesta al liderazgo opositor con la forma en que se asume la conducción política en las filas revolucionarias es sin lugar a dudas el sentido de la responsabilidad. Ese mismo sentido que determinó desde un primer momento el inusual e indetenible crecimiento del liderazgo político del Comandante y que lo convirtió no solo en Venezuela sino en el mundo entero en una referencia de rectitud y lealtad a los principios que le inspiraron y que perfiló en todo momento su actuación como luchador consecuente con su palabra y con su comportamiento público.

Algo verdaderamente difícil de encontrar en el liderazgo opositor, que pareciera jactarse de su conducta evasiva y contradictoria sobre los asuntos por los cuales le corresponde responderle a ese sector de la sociedad que, en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales, decide no militar en la causa revolucionaria y prefiere intentar abrirle cause a su visión del país desde una posición neoliberal o de derecha. Llega a ser tan persistente la conducta ambigua y evasiva del liderazgo opositor frente a los temas de interés nacional, que queda perfectamente claro que, más que deficiencia o muestra de mediocridad en la capacidad política de la MUD, de lo que se trata en el fondo es de una expresión de perversa maquinación para utilizar al pueblo de la manera más inmisericorde, usando siempre la necesidad, el hambre y el dolor de la gente para alcanzar el poder y colocarlo de nuevo al servicio precisamente de los intereses de quienes generaron en el pasado esa miseria, esa hambre y ese dolor que hoy con tanto esfuerzo supera el país gracias a la revolución.

De ahí la inmoralidad de ese siniestro personaje en que se ha convertido el dirigente de Primero Justicia, Henrique Capriles, derrotado como candidato y como jefe de campaña de toda la oposición en los cuatro procesos electorales más importantes de nuestra historia reciente, en los que en apenas un año y medio fue derrotado en dos procesos electorales para elegir Presidente de la República, uno para elegir Gobernadores y otro para escoger Alcaldes y Concejales, quien se ha dedicado ahora a recorrer de manera extemporánea el país en una absurda campaña electoral para tratar de sumar adeptos a una causa que no pareciera ser ninguna otra que la del terrorismo guarimbero.

No hay en este momento declarado periodo alguno de campaña, simplemente porque las elecciones que manda nuestra Constitución ya se realizaron (muy a pesar de quienes desde las filas opositoras coquetean con el golpismo) y porque la gente quiere que así como se respetan en el mundo entero los periodos electorales, también deben respetarse los no electorales para que el país pueda seguir su curso normal de trabajo en la construcción de su porvenir. Como en toda democracia avanzada en el mundo, Venezuela tiene derecho a disfrutar en paz de sus periodos no electorales; no todo es campaña electoral y elecciones, como quiere hacernos creer esa obtusa e inepta dirigencia opositora.

Por eso, la única explicación de la campaña de Capriles por el país, justamente en momentos en que el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro está enfrentando con tenacidad, coraje y mucha eficiencia, la crisis y las expresiones de terrorismo a los que nos ha querido llevar esa misma derecha irresponsable que el fracasado dirigente opositor representa, es que su propósito es el de alentar la conspiración fascista que se esconde tras la fachada de la supuesta lucha social que esos sectores dicen encarnar.

Obviamente para esa tozuda oposición la desestabilización es una oportunidad sin importarle para nada el padecimiento y el dolor por las muertes que por lo general sus acciones terroristas generan, ni mucho menos el daño en términos de pérdidas cuantiosas de recursos que le ocasionan al país con su terco empeño en torcer antojadizamente la voluntad popular.

Que quede claro; si Capriles, en vez de atender sus obligaciones como Gobernador, está recorriendo el país fuera de periodo alguno de campaña, proclamando al mundo su infamante y provocador discurso incendiario contra el Gobierno legítimamente electo, además de darle argumentos alentadores al terrorismo para reincidir en la violencia, está incurriendo inequívocamente en instigación al delito y a la rebelión. Delitos ambos contemplados en la Constitución, de los cuales seguramente dirá luego, como siempre, “yo-no-fui”.

 

@SoyAranguibel

Tras la capucha

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Por: Luis Britto García / foto: F.Parra

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En un relato de Gabriel García Márquez figura una pensión que en lugar de excusados ofrece máscaras para que sus clientes hagan sus necesidades en plena calle. Esconde el rostro quien se averguenza de sus acciones ¿Qué esconde el terrorismo encapuchado en Venezuela?

2

Una conjura de los medios nacionales e  internacionales pretende presentar a los terroristas como estudiantes y pacíficos. Las cifras dicen otra cosa. A principios de mayo, la Fiscal Luisa Ortega Díaz revela que desde el 12 de febrero fueron  detenidas unas 800 personas, la mayoría de ellas sólo retenidas para evitar que continuaran con los actos violentos y liberadas a las pocas horas, de las cuales unas 174 quedaron en definitiva privadas de libertad mientras avanzaban las averiguaciones. De estos detenidos, apenas 12 eran estudiantes, menos del 7%. También a principios de mayo las autoridades allanan varios campamentos establecidos en la vía pública para mantener focos de perturbación permanentes, y detienen 243 personas.  No más de un 20% de ellas  eran estudiantes. El cuerpo de vigilantes de la Universidad Central de Venezuela detiene en el recinto a cinco violentos con armas. Sólo uno era estudiante, pero de otra universidad. La rectora hace despedir a los vigilantes por cumplir con su deber.

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La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, revela el viernes 9 de mayo  que 49 de las 190 pruebas de toxicología que le fueron practicas a los  opositores detenidos en el desalojo de los campamentos dieron positivo en consumo de drogas. Cerca de una cuarta parte de los examinados estaba bajo el efecto de estupefacientes. No parece  comportamiento ejemplar de ciudadanos dedicados a la defensa de sus derechos políticos. ¿Quieren tomar el poder para imponer al resto de la población  sus modelos de conducta?

4

El ministro de Interior y Justicia declara que entre los detenidos figuran  58 extranjeros. De ellos 21 son comprobadamente paramilitares colombianos, otros tienen órdenes de captura en Interpol, otros son terroristas buscados en el Medio Oriente: algunos estaban en posesión de arsenales de armas y sustancias incendiarias, muchos tienen prontuarios de narcotráfico o terrorismo internacional. Es el método largamente probado en Nicaragua, Líbano, Libia, Siria, en tantos otros sitios: inundar de mercenarios extranjeros armados países pacíficos, para legitimar destructivas intervenciones externas ¿No hay  venezolanos para hacer oposición política? ¿De triunfar estos forasteros, ejercerán sus pacíficas profesiones desde el poder?

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Basándonos en análisis de noticias de medios de comunicación, e informes de la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, Provea, Amnistía Internacional, Red de colectivos La Araña Feminista, del Centro para la Paz y los Derechos Humanos de la UCV, del diario web Aporrea, del informe escrito por el periodista  Luigino Bracci el 15 de abril de 2014 y de compendios realizados por el comunicador Modesto Emilio Guerrero, llegamos a un conteo todavía provisional de víctimas fatales entre el 12 de febrero y mediados de abril.

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Tras la capucha, mienten los medios internacionales y nacionales, se ocultan seres pacíficos. La violencia que desencadenan desde el 12 de febrero arroja un saldo de 42 muertos. Éstos se pueden separar en las categorías siguientes: 1) 20 víctimas fatales bolivarianas, que comprenden: 9 militantes del PSUV y agrupaciones sociales afines, 10 miembros de  cuerpos de seguridad pública del Estado (GNB, PNB y el SEBIN) y 1 fiscal del Ministerio Público. 2) 15 ciudadanos cuya filiación política no se conoce, víctimas de diversos episodios de violencia 3) el resto de víctimas fatales se podrían adscribir a la oposición, de los cuales sólo 8 fallecieron por actos imputables a las autoridades, y 7 fueron víctimas de incidentes o peleas debidas a  sus cortes viales, o  de sus propios actos: uno murió al accionar un mortero improvisado, otro se electrocutó al reponer un obstáculo  para una barricada, un tercero cayó desde la azotea de su propia casa. No incluimos en este listado asesinatos horrendos cometidos contra bolivarianos o contra personas notables con presumible intención terrorista, pero en relación con los cuales no hay todavía pruebas definitivas.

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Es significativa la desproporción. De las 42 víctimas fatales  unas 20, casi la mitad, pertenecen al  bolivarianismo, entre ellas 11 funcionarios que cumplían con su deber; y otras 15 no tienen filiación política conocida pero fallecen por causa de la violencia opositora. En la oposición  habría unas 15 víctimas fatales, cerca de la tercera parte del total, pero sólo 8 debidas en forma directa a actos de las autoridades, menos de la sexta parte de las fatalidades.  Todos estarían hoy vivos de no haber elegido la oposición el camino de derrocar por la violencia al gobierno legítimamente electo.

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Ello desvirtúa la idea de que la violencia homicida pueda deberse a estudiantes, desarmados  y mucho menos pacíficos.  Parte considerable de las víctimas entre los bolivarianos perecieron por disparos en la cabeza, a veces realizados desde larga distancia. Una estudiante opositora falleció de un tiro en la nuca, obviamente asestado desde las propias filas de la manifestación con la que marchaba. Una artesana y una joven embarazada fueron abatidas con disparos de armas largas. No son tácticas de estudiantes, desarmados y menos pacíficos. Tampoco lo son el incendio y destrucción de cerca de un centenar de unidades de transporte colectivo, de varias centrales eléctricas, ni el incendio de  universidades, bibliotecas  y de dependencias públicas, una de ellas con 89 niños de un preescolar adentro. No, una primera mirada debajo de la capucha revela una delincuencia terrorista, profesional, en buena parte foránea y mercenaria.

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La incidencia de muertes sigue como una sombra al dominio político derechista. Señala Emilio Guerrero que el 52% de las víctimas cayó en la Capital, que de 12 víctimas en ella, 9 perecieron en las urbanizaciones del Este donde los alcaldes opositores y sus policías protegen a los terroristas; que en Mérida murieron 4 y en San Cristóbal 6. Hay otras 3 víctimas en Aragua, en barrios controlados por Voluntad Popular y 2 en Maracaibo, cuya alcaldía es opositora. Es mentira que se trate de una insurrección nacional: sus víctimas caen en un escaso número de urbanizaciones capitalinas de   privilegiados  con autoridades y policías opositoras cómplices de los victimarios, y en los estados cercanos a la frontera, en donde han sido detenidos paramilitares y sicarios.

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Ninguna proclama, ningún manifiesto, ningún plan de gobierno ha sido esgrimido como excusa para esta hecatombe, salvo la propuesta de que quien gana las elecciones no debe gobernar. Ocultamos nuestros propósitos cuando son más inconfesables que nuestros actos.  Una masiva campaña de destrozos y asesinatos no se mantiene durante más de tres meses sin complicidades ni financiamiento. Numerosos detenidos han confesado que recibían pagos de mil bolívares por día, y de tres mil si participaban con motocicletas ¿Levantamos un poco más la capucha terrorista? Tras ella atisban la CIA, la USAID y la NED, las mil y una ONGs creadas para distribuir sus fondos y los de los empresarios para pagar mercenarios, los partidos opositores que no han condenado el terrorismo, la Fundación Internacionalismo para la Democracia, de Alvaro Uribe Vélez, el Paquete Neoliberal que privatizará PDVSA y la educación, la salud y la seguridad social y traerá de regreso los niveles de pobreza de 70% del siglo pasado.  Te conozco, mascarita. No me trates de engañar.

¿Qué está pasando en Venezuela?

Una sencilla pero muy esclarecedora explicación ilustrada, nos muestra en pocos minutos la cruda realidad de lo que pasa hoy en Venezuela y nos ayuda a comprender la naturaleza golpista de la violencia terrorista desatada por la derecha en el país:

Aranguibel en Unión Radio:”Lo que está haciendo la oposición de manera deliberada es la destrucción de la política”

logo unionradio

Actualidad Unión Radio / Caracas, 21 de abril de 2014.-

En entrevista concedida a la periodista Anahí Arizmendi, el comunicador social Alberto Aranguibel afirma que desde hace mucho la oposición venezolana escogió el camino de la confrontación al chavismo por la vía del revanchismo político antes que del diálogo, lo que explica la anarquía que reina hoy en ese atomizado sector cuyo rasgo más resaltante es la falta no sólo de propuestas serias al país, sino de liderazgo y con ello de direcionalidad para su desempeño.

Lo que estamos presenciando -dijo- con la anarquía que expresan los pocos focos incendiarios que todavía quedan en el país, es precisamente el resultado de la destrucción de la política en la que ha trabajado de manera sistemática la oposición desde el inicio de la Revolución. Por eso no se puede hablar de una confrontación de visiones de país, como fue siempre el empeño del Comandante Chávez en la búsqueda de elevar el nivel del debate ideológico en el país, sino una confrontación entre un sector con un claro y fuerte liderazgo (que es el chavismo) y otro sin rostro visible, sin liderazgo alguno, que se mueve al ritmo de los acontecimientos.

Oiga aquí la entrevista completa (15 min.):

[audio https://ia902503.us.archive.org/13/items/AranguibelConAnahArizmendiEl20042014/UnionRadio20_04_2014.mp3|titles=Aranguibel con Anahí Arizmendi 20/04/2014]

Así avanza la cultura del fascismo neo-nazi en el imperio

neo-nazi

Por: Amy Goodman y Denis Moynihan

Una nueva masacre desatada en Estados Unidos, en la que varias personas fueron acribilladas a balazos, volvió a centrar la atención en los grupos extremistas violentos de derecha. Frazier Glenn Miller, ex líder de una rama del Ku Klux Klan, está acusado de haber matado a tres personas frente a dos centros comunitarios judíos en las afueras de Kansas City, en Kansas. Mientras era trasladado en el patrullero, gritó “¡Heil Hitler!”.

A diferencia de los grupos islámicos, cuya vigilancia cuesta miles de millones de dólares a las agencias de seguridad estadounidenses, los grupos que defienden la supremacía de la raza blanca tienen bastante libertad para diseminar su odio y promover su ideología racista.

Con demasiada frecuencia, sus ataques homicidas son considerados como actos de atacantes “solitarios” desquiciados. Estos grupos aparentemente marginales están, en realidad, bien organizados, interconectados y gozan de renovada popularidad.

En abril de 2009, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) publicó un estudio sobre grupos extremistas de derecha en Estados Unidos. El informe de diez páginas incluye conclusiones tales como que: “La crisis económica y la elección del primer Presidente afroestadounidense son condiciones únicas para la radicalización y el reclutamiento de grupos de derecha”.

También realiza la polémica conjetura de que los veteranos de guerra que regresan de Irak y Afganistán podrían ser reclutados para sumarse a los grupos que incitan al odio. El informe provocó una ola de críticas, especialmente de grupos de veteranos. Obama había asumido el Gobierno hacía apenas unos meses. La flamante Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, retiró el informe y pidió las disculpas del caso durante una audiencia sobre el presupuesto en el Congreso.

Mark Potok es un investigador del Centro Legal contra la Pobreza en el Sur (SPLC, por sus siglas en inglés) que, durante años, se ha dedicado a investigar a los grupos de derecha que incitan al odio y a Frazier Glenn Miller, en particular. Potok afirmó acerca del informe: “Hemos tenido un verdadero problema con el Departamento de Seguridad Nacional, debido a que, desde que se filtró a la prensa un informe sobre grupos de derecha en abril de 2009, podría decirse que el Departamento, de algún modo, se acobardó. Básicamente, destruyeron la unidad de seguimiento del terrorismo nacional no islámico”.

Frazier Glenn Miller

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Frazier Glenn Miller3– El criminal neo-nazi Frazier Glenn Miller en tres momentos de su vida –

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/category/columna_de_amy_goodman

El escalofriante “negocio” de los asesinatos por encargo: cómo operan los profesionales de la muerte

– La violencia en las protestas venezolanas se ha incrementado de manera alarmante incorporando formas horrendas de criminalidad y asesinatos a sangre fría nunca antes vistas en nuestro país y que solo se explican por el incremento desbordado en los últimos años de inmigrantes colombianos cuya cultura de la muerte por encargo es una forma de vida que desde hace décadas hace estragos en esa hermana república, y más allá de sus fronteras, como lo revela este escalofriante reportaje del diario El Clarin de Buenos Aires –

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El escalofriante “negocio” de los asesinatos por encargo: cómo operan los profesionales de la muerte

John enciende un cigarrillo y entrecierra los ojos. Recuerda: “La cita era un viernes desde las diez de la noche, en el edificio de siempre. Estaban los que vivían en los departamentos del complejo y otros invitados. Eramos más de cien colombianos festejando un cumpleaños. En el boliche del edificio, varios comentaban los envíos de cocaína al exterior y los robos a departamentos de esa semana. Muchos andaban armados. Sonaban canciones de Vicente Fernández, Antonio Aguilar y Darío Gómez. Había platos con cocaína y marihuana, para que los invitados consumieran libremente. La cerveza, el whisky y los cigarrillos los vendía el ex policía que alquilaba esos departamentos amueblados”.

La escena podría vestir cualquier película de Quentin Tarantino, pero es real y ocurrió en el centro de Buenos Aires, a pocas cuadras de la avenida Rivadavia, una noche tibia del invierno de 2009.

El testigo de aquel festejo y que lo recuerda en una entrevista concedida a Clarín -a quien llaman John a lo largo de la nota- dice que es en eventos como ese donde se comienzan a idear los crímenes entre colombianos, ejecutados por sicarios.

“Como están todos borrachos, se hacen comentarios sobre quién anda en el país, qué robaron, qué envío llegó a destino, dónde está el que no pagó una deuda. Siempre hay alguien que escucha y luego da aviso a los narcos que buscan a alguna persona para matarla. Aquel día todos estábamos sorprendidos de la cantidad de socios que estaban llegando a Buenos Aires”.

John cuenta que aquella vez, a la medianoche comenzaron a competir: “esa semana, en una casa de Rosario, se habían robado tres mil balas, y jugaban a ver quién vaciaba más rápido un cargador. Las prostitutas de los cabarets Seguir leyendo “El escalofriante “negocio” de los asesinatos por encargo: cómo operan los profesionales de la muerte”

El dueño del circo

EL DUEÑO DEL CIRCO

Por: José Vicente Rangel / Question, Abril de 2014

A medida que languidece el guarimbeo la situación tiende a aclararse. Se puede decir que la conspiración de los EEUU y de la derecha, fracasó -claro, por ahora, porque la amenaza sigue en pie-. Luego de casi dos meses de intensa violencia protagonizada por grupos de choque apoyados, descaradamente, por alcaldes de oposición; de la ofensiva contra la economía y la bestial campaña mediática montada en el exterior, el gobierno de Maduro no sólo sobrevivió sino que, como lo indican las encuestas, aumentó su apoyo popular en tanto que la oposición se desplomó. El dato confirma la calidad democrática del pueblo venezolano, su rechazo a la aventura golpista, la lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la capacidad de conducción del liderazgo chavista que asumió la difícil tarea de suceder a Chávez y de ejecutar su legado.

Lo sucedido en el lapso febrero/ marzo, cuya característica ha sido la crispación, augurios terribles e insólitas provocaciones, confirma la irresponsabilidad opositora. En una coyuntura compleja fue incapaz de actuar con sindéresis. Pretendió, como siempre lo hace, nadar en dos aguas al mismo tiempo, la legalidad y la subversión. ¿Resultado? Fracasó en el intento, como quedó en evidencia. De nuevo la oposición se embarcó en la temeraria aventura de mezclar actividad cívica y violencia, y como suele suceder en tales circunstancias cosechó derrotas. Las dos líneas hicieron crisis, la violenta en su versión guarimba y la pacífica en su expresión más acabada, la MUD.

Pero los poderes fácticos que se trazaron la meta de derrocar al gobierno constitucional de Venezuela, reaccionaron con rapidez ante la hecatombe. Están convencidos de que es el momento de acabar con el proceso bolivariano ahora. Que la decisión no puede ser diferida. Porque hacerlo equivale a dejar que Maduro se consolide. El imperio y la derecha tuvieron que calarse a Chávez -tascando el freno-, pero no están dispuestos a hacer lo mismo con la sucesión. Por eso estoy convencido que el binomio gobierno EEUU/derecha venezolana intenta, Seguir leyendo “El dueño del circo”

¿Dialogar con nazis?

Colocamos aquí el reportaje fotográfico de Rafael Ortega publicado este martes en el portal La Redoma, donde se ven con pasmosa claridad las verdaderas fuerzas ocultas tras las acciones violentas de las últimas semanas en el municipio Chacao, y con las cuales se comprende en buen medida la completamente inusual naturaleza salvaje de dichas acciones en la cultura opositora venezolana de hoy. La irrefutabilidad de las imágenes habla infinitamente más que cualquier argumento que quiera dársele a tal aberración. A continuación el reportaje:

Vea cómo han llenado de simbología nazi al municipio Chacao

Martes 08 de abril de 2014

En las calles del municipio Chacao se está haciendo costumbre observar la esvástica nazi, representativa del holocausto que acabó con la vida millones de seres humanos durante la segunda guerra mundial. El símbolo fue adoptado por Hitler en 1920 en su libro “Mein Kampf” (mi lucha) como forma gráfica de la supuesta “superioridad” de la raza aria y hoy en día es realzado por los “guarimberos” del este de Caracas.

A nombre de dicho símbolo, la Alemania nazi asesinó a todos aquellos que se opusieron a la ideología impuesta, a quienes eran considerados de raza inferior, a comunistas e izquierdistas de la época, personas con discapacidad, judíos, entre otros. Debe alarmar, entonces, que frente a la estatua del Generalísimo Francisco de Miranda, que se encuentra adyacente a la estación de metro Miranda, haya aparecido la esvástica.

Fotografía: Rafael Ortega

A pocos metros del lugar, específicamente en el Centro Comercial Parque Cristal, el símbolo del terror vuelve a evidenciarse. El grafiti está ubicado a una cuadra de la calle en la que Seguir leyendo “¿Dialogar con nazis?”